miércoles, 11 de febrero de 2026

MIGUELE EL PASTELERO

 

        Ahora hace 10 años que la revista Buñero de Estadilla publicó, en el año 2016, un artículo de nuestra amiga María Jesús Cera. En él, hablaba de su padre y de nuestro pastelero. La mejor descripción de Miguelé, su padre, la hizo ella misma.

        Muchos de nosotros, cuando vamos a ver su casa y nos quedamos maravillados de su patio, su escalera, sus escudos y su tienda, no nos damos cuenta del patrimonio humano que esconde ese lugar.

        Quiero que este artículo, recuperado de la revista Buñero, nos haga sentir, la próxima vez que visitemos ese lugar, la esencia del sitio y nos invite a buscar en el ambiente ese aroma a pastelería llena de dulces.

        Animo a todos a recordar a Miguelé cuando estemos allí y a no olvidarnos de que el patrimonio auténtico lo hacen personas como Miguelé y su hija María Jesús


A Miguelé, "Un dulce recuerdo"

El último pastelero


Mª Jesús Cera

Hacía mucho tiempo que deseaba escribir un relato sobre la persona entrañable de mi padre, Miguel Cera, conocido como "Miguelé el pastelero", pero ha sido en este verano de 2015 cuando, al oír una conversación de unas personas, hijas del pueblo y que residen hace muchos años fuera, me he decidido a publicarlo.

En una de las noches calurosas que hemos sufrido este verano, mientras yo tomaba el fresco en el balcón de nuestra casa, unas señoras se retiraban a descansar en compañía de un vecino del pueblo e iban hablando de los cambios que con los años había experimentado el municipio, en concreto la calle Mayor: Aqui vivía tal familia, aquí tal otra, y al llegar a la puerta de casa, decían: Esta era la tienda de Miguelé. ¿Te acuerdas qué ricos pasteles y dulces hacia? Yo, de verdad, me emocioné y mucho por el hecho de que después de 40 o 50 años se acordaran de él personas que hacía mucho tiempo que ya no residían aquí.

Nació en la villa de Fonz en el año 1903, pues su madre, Carmen, era de allí. Con solo 3 meses sus padres vinieron a vivir a Estadilla, donde se crio y vivió sus primeros años. Era el segundo de 8 hermanos. Su padre era un excelente albañil del que aún quedan muchas y hermosas obras y por eso es muy extraño que no le enseñara su oficio.

Yo supe por él y por mis tías que de muy jovencito ya iba a "Casa Gambiaso" y aprendió a hacer bizcochos y algunas otras cosas. Cuando tenía entre 13 y 14 años lo llevaron a Huesca para ser aprendiz en una afamada pastelería, donde no estuvo mucho tiempo.

Un hermano de su padre, el tío Nicolás, que trabajaba de contratista de obras en Ejea de los Caballeros, lo colocó en una afamada pastelería llamada Casa Cía, para ser aprendiz. Allí estuvo 15 años y se hizo un hombre de bien y un excelente pastelero.

A la edad de 29 años, su padre Miguel le montó aquí en Estadilla un obrador con horno y despacho de estupendos productos y una tienda de comestibles, que también llevaban mis tías; y más tarde, cuando formó su familia, fue mi madre quien le ayudó en el negocio.

Tenía más de 40 especialidades que durante todo el año y según la época sacaba a la venta. Si los mayores, que ya somos mayoría, lo recuerdan, lo primero que te nombrarán serán los pasteles "borrachos" y los merengues; después las lionesas de crema (con nata no trabajaba), los pasteles de yema, los de coco, las tartas, las arras, el huevo hilado, los turrones de yema, de frutas y de guirlache, las tortas imperiales, los bizcochos, los melindros, frutas escarchadas, caramelos, sequillos, "esponjaus" o azucarillos, fondant de chocolate, para hacer las yemas de coco y de turrón de jijona, mantecados, bizcocho glaseado, toda clase de pastas de té, tartas y cocos al horno, etc. etc.


Aparte de todas sus cualidades, una cosa muy extraña es que no tenía ninguna receta anotada, pues nunca encontramos nada escrito, todo lo tenía en su cabeza. En casa no nos enseñó nada, ni tenemos ningún "secreto" anotado. Si que tengo que decir que a varias personas les había dejado testimonio de su saber, con algunas recetas que le pedían. En concreto a una vecina muy querida le enseñó a hacer carne de membrillo que ella tiene anotada como del siño Miguelé. Toda su producción era artesana con productos de primera calidad, hecho todo a mano y jamás empleó aditivos, ni conservantes ni colorantes.

No solo era en Estadilla donde conocían sus dulces, muchos pueblos del entorno degustaban sus especialidades, pues todos los años subiamos en el Viernes de Dolores a la romería de la Carrodilla, donde ponía a la venta la mercancía que hacia para la ocasión y que con un vasito de manzanilla o moscatel pasaba de maravilla





Cuando yo era muy jovencita, recuerdo que le encargaron para una boda de Estada las arras que, según la costumbre, llevaban los novios a la iglesia, y como cosa curiosa diré que se las llevaron andando por la costera la Fuente y la Canaleta la hermana del novio y la de la novia.

Las últimas arras que hizo aquí fueron para una boda en el año 1968, para una persona muy querida a la que se las había prometido y que fueron su regalo de boda.

Cuando llegaban las fiestas era él quien se encargaba de hacer los dulces para la ronda a las autoridades, pues la víspera subían a la Plaza Mayor toda la junta directiva de la sociedad L ‘Aurora a rondar y cantar jotas a todas las autoridades, y después eran invitados a tomar unos buenos vinos y sus "pastas finas" en el salón del ayuntamiento. Un recuerdo muy entrañable que tengo es verlo en la puerta de la tienda, con su oronda figura y su delantal blanco mientras le dedicaban una jota rondadora. El cantador de Santa Lecina le hizo esta que reproduzco a continuación y que encontramos anotada en un papel en el cajón de su escritorio:

Ya está Miguelé en la calle

después de endulzar al pueblo.

Por muchos años deseo

que así lo sigas haciendo.






Cuando falleció en marzo del año 1981, hacía casi tres años que había dejado su actividad y cerrado su negocio, después de cincuenta años sin cerrar la puerta al público ninguno de los días del año.

Después de pensarlo mucho y de pedirme muchas personas que lo hiciera, espero con este relato poder hacerle un pequeño homenaje y un recuerdo muy querido a la persona de mi padre, que tantos años endulzó y dio alegría a este precioso lugar llamado Estadilla.


PULSA AQUI PARA ESCUCHAR SU CANCION

LETRA

Miguelé el pastelero

en Estadilla creció,

entre aromas de merengues

su camino comenzó.

De Fonz vino siendo niño,

y en el pueblo se quedó,

hijo de un gran albañil

que hermosas obras dejó.

 

En casa de Gambiasso

los dulces descubrió,

el arte de hacer bizcochos

su corazón lo adoptó.

Y con apenas trece años

la vida lo encaminó

a la ciudad de Huesca,

donde maestro se formó.

 

Quince años en Casa Cía,

trabajo, esfuerzo y sudor;

entre masas y merengues

forjó nombre y vocación.

Aprendió a ser pastelero,

pero también a ser mejor,

con manos llenas de oficio

y un corazón trabajador.

 

Ya está Miguelé en la calle,

después de endulzar al pueblo,

por muchos años deseo,

que así lo sigas haciendo.

 

Regresó a su Estadilla

con ilusión y ambición,

y su padre, buen maestro,

el obrador le montó.

Horno grande, tienda estrecha,

pero llena de sabor,

donde cada madrugada

Miguelé ponía el sol.

 

Su mujer fue compañera,

su apoyo y su inspiración,

en la tienda y en la vida

siempre a su lado quedó.

Él sin recetas escritas,

todo en la mente guardó,

que los genios de verdad

escriben con el corazón.

 

Cuarenta especialidades

la comarca disfrutó:

lionesas de crema fina,

pasteles borrachos, ¡qué don!

Yema dulce, coco tierno,

arras y huevo hilado,

y aquellos buenos esponjaus

que el alma habían alegrado.

 

Ya está Miguelé en la calle,

después de endulzar al pueblo,

por muchos años deseo,

que así lo sigas haciendo.

 

A la Carrodilla subía

con los dulces del fervor,

y un vasito de moscatel

que servía de bendición.

Los pueblos del contorno

esperaban con amor

que llegara Miguelé

con su cesta y su sabor.

 

En la puerta de su tienda

la rondalla lo encontró,

delantal blanco y sonrisa

que a todos nos cautivó.

Y la copla que le hacían,

entre guitarras y voz,

todavía en Estadilla

resuena con emoción.

 

Ya está Miguelé en la calle,

después de endulzar al pueblo,

por muchos años deseo,

que así lo sigas haciendo.

 

Cincuenta años entregado,

servicio, arte y devoción;

hoy el último pastelero

de aquel tiempo se marchó.

Pero en cada dulce tierno

su recuerdo se quedó,

y en el alma de su pueblo

Miguelé nunca murió.

 

Ya está Miguelé en la calle,

después de endulzar al pueblo,

por muchos años deseo,

que así lo sigas haciendo


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