LAS MANOS MÁGICAS DE ESTADILLA
Había una vez, en un pequeño pueblo
llamado Estadilla, un lugar muy especial donde pasaban cosas mágicas: el taller
de las zurcidoras. Allí, mujeres con manos muy hábiles podían hacer desaparecer
los agujeros y roturas de las telas, dejando cada prenda tan bonita como nueva.
El taller abrió en 1963 gracias a
personas que querían que todas las mujeres tuvieran trabajo y pudieran aprender
un arte muy antiguo. Allí trabajaban hasta 32 mujeres, cada una con su delantal
y sus hilos de colores, en la Escuela parroquial de zurcidoras.
Lo increíble era cómo lo hacían: no
solo tapaban los desperfectos, sino que los convertían en algo perfecto. Los
agujeros desaparecían y las telas volvían a brillar, como si la magia hubiera
pasado por sus manos. Los niños del pueblo decían que sus dedos eran manos
mágicas que arreglaban todo sin dejar rastro.
Aunque el dinero que ganaban no era
mucho, su trabajo era muy valioso. No solo ayudaban a las familias, también
enseñaban a todos que cada esfuerzo, cada hilo y cada detalle cuentan. Después
de ocho años, el taller cerró, pero nadie olvidó a las zurcidoras: sus manos
mágicas habían dejado un gran legado de arte, dedicación y orgullo en
Estadilla.
Y así, los niños del pueblo crecieron
escuchando las historias de las mujeres que podían convertir un agujero en algo
perfecto, recordando siempre que el trabajo con amor y paciencia tiene magia
propia

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