El Héroe que Descansó Bajo la Iglesia
Hace mucho, mucho tiempo, en un
pueblito llamado Estadilla, vivía una mujer llamada Petronila. Tenía una gran
casa con un balcón que miraba la plaza del Ayuntamiento. Era una casa especial,
porque antes había sido de otra familia, y ahora ella la cuidaba con mucho
cariño.
Un día, llegó al pueblo un hombre
valiente llamado José de Sangenis. No había nacido en Estadilla, sino en un
lugar llamado Albelda, y había vivido muchas aventuras. José había sido soldado
y héroe, y había defendido ciudades enteras en guerras muy grandes. ¡Hasta
había sido prisionero en Francia! Pero ahora venía a Estadilla con un corazón
cansado de luchar… y listo para casarse con Petronila.
José y Petronila se casaron en 1826.
La gente del pueblo los miraba con alegría, porque juntos hacían un hogar lleno
de historias y risas. José contaba sus aventuras de la guerra, y a veces
Petronila lo escuchaba con los ojos abiertos de asombro, imaginando los
caballos, los cañones y los grandes castillos que él había visto.
Pero la vida tiene sus misterios.
Solo dos años después, José murió. Todos en Estadilla lloraron, porque aquel
hombre que había venido de tan lejos a su pueblo había dejado su corazón allí.
Fue enterrado en la iglesia del pueblo, en un lugar muy especial: la sepultura
de su propia casa, junto a Petronila.
Con los años, la iglesia se derrumbó
y se reconstruyó. Nadie sabe exactamente dónde quedó su tumba, pero se dice que
José todavía descansa bajo los pies de la nueva iglesia, escuchando los cantos
y pasos de quienes entran a rezar o a jugar.
Así, aunque la historia de José de
Sangenis y Torres no está escrita en grandes monumentos, los niños del pueblo
siempre pueden imaginarlo: un héroe valiente y amable, que vino de la guerra
para vivir junto a Petronila y sigue cuidando Estadilla desde su descanso
secreto bajo la iglesia.
Y cada vez que alguien pisa el suelo
de la iglesia, quizá sienten un poquito de su valentía, como un guiño de un
héroe que nunca se olvida.
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