EL GRAN
TESORO DE LOS CÓDICES PERDIDOS
Hace mucho, mucho tiempo, en un reino
llamado Aragón, existían lugares llenos de secretos y maravillas: los
monasterios. Allí, en habitaciones silenciosas y llenas de luz, se guardaban
libros muy especiales llamados códices, que contenían historias, dibujos y
secretos del pasado.
Pero un día, muchas personas vinieron
a esos lugares y se llevaron los libros, dejando vacías las estanterías y
tristes a quienes cuidaban aquel tesoro. ¡Los códices estaban en peligro de
desaparecer para siempre!
En medio de todo este lío, apareció
un joven valiente llamado Íñigo. Él tenía un corazón lleno de curiosidad y amor
por la historia. Decidió que no podía permitir que los libros se perdieran. Así
que, con su mochila, su lupa y muchas ganas de ayudar, emprendió una gran
misión: recuperar los códices y protegerlos.
Íñigo viajó por pueblos y montañas,
desde Estadilla hasta otros rincones del Alto Aragón, siempre buscando pistas
sobre dónde se escondían los libros. Un día, encontró un códice muy especial,
lleno de dibujos de castillos, montañas y aventuras de héroes antiguos. ¡Era
como encontrar un cofre del tesoro!
Con cuidado y mucho cariño, Íñigo
llevó los códices a un lugar seguro llamado Archivo Histórico Nacional, donde
sabían cómo cuidarlos y protegerlos para que todos pudieran leerlos algún día.
Gracias a él y a otros guardianes del pasado, las historias de Aragón, Francia
y Navarra no se perdieron, y ahora todos podemos conocer la vida, los castillos
y los héroes de aquellos tiempos.
Desde entonces, la gente recuerda que
los libros y documentos antiguos son tesoros que debemos proteger, porque ellos
guardan la memoria de quienes vivieron antes que nosotros. Y así, gracias al
esfuerzo de Íñigo y su valentía, los códices continuaron contando sus
historias… ¡y siguen haciéndolo hasta hoy!

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