LA CORONETA VIAJERA
Érase una vez, en un pueblo llamado
Estadilla, que había una piedra pequeña muy especial.
No brillaba ni hacía ruido, pero
todos sabían que era mágica. La llamaban la coroneta. La gente decía que la
coroneta protegía a quien la llevaba consigo.
Un día, un hombre del pueblo tuvo que
viajar muy lejos, hasta un país llamado Cuba.
Antes de marcharse, guardó la
coroneta en su mochila.
—Cuídame durante el viaje —le dijo.
La coroneta cruzó el mar en barco y
recorrió muchos caminos.
Estuvo siempre junto a su dueño y, gracias a ella, el hombre regresó sano y
salvo a casa.
Cuando volvió a Estadilla, le dio la
coroneta a su hija.
—Ahora te protegerá a ti —le dijo con
cariño.
La hija se fue a vivir a Barcelona, y
la coroneta volvió a viajar. Allí pasó muchos años cuidando de la familia.
Más tarde, una mujer de la familia se
casó y se fue a vivir muy lejos, hasta Perú.
Antes de irse, le entregaron la
coroneta.
—Llévala contigo, te cuidará —le
dijeron.
Y la coroneta volvió a cruzar el
océano. Viajó por países lejanos y recorrió miles de kilómetros. Después de
mucho tiempo, la coroneta regresó de nuevo a España, feliz por haber protegido
a todas las personas que la llevaron. Y así, esta pequeña piedra se convirtió
en una gran viajera, casi capaz de dar la vuelta al mundo.
Hoy se encuentra en nuestro pueblo





