jueves, 19 de febrero de 2026

CUENTO HISTORICO "LA CORONETA VIAJERA"

 

LA CORONETA VIAJERA

Érase una vez, en un pueblo llamado Estadilla, que había una piedra pequeña muy especial.

No brillaba ni hacía ruido, pero todos sabían que era mágica. La llamaban la coroneta. La gente decía que la coroneta protegía a quien la llevaba consigo.

Un día, un hombre del pueblo tuvo que viajar muy lejos, hasta un país llamado Cuba.

Antes de marcharse, guardó la coroneta en su mochila.

—Cuídame durante el viaje —le dijo.

La coroneta cruzó el mar en barco y recorrió muchos caminos.
Estuvo siempre junto a su dueño y, gracias a ella, el hombre regresó sano y salvo a casa.

Cuando volvió a Estadilla, le dio la coroneta a su hija.

—Ahora te protegerá a ti —le dijo con cariño.

La hija se fue a vivir a Barcelona, y la coroneta volvió a viajar. Allí pasó muchos años cuidando de la familia.

Más tarde, una mujer de la familia se casó y se fue a vivir muy lejos, hasta Perú.

Antes de irse, le entregaron la coroneta.

—Llévala contigo, te cuidará —le dijeron.

Y la coroneta volvió a cruzar el océano. Viajó por países lejanos y recorrió miles de kilómetros. Después de mucho tiempo, la coroneta regresó de nuevo a España, feliz por haber protegido a todas las personas que la llevaron. Y así, esta pequeña piedra se convirtió en una gran viajera, casi capaz de dar la vuelta al mundo.

Hoy se encuentra en nuestro pueblo





CUENTO HISTORICO "EL KIOSCO DE MARIANO"

 

EL KIOSCO DE MARIANO

Hace muchos, muchos años, en un pueblo llamado Estadilla, había una plaza muy especial junto al Portal del Sol. Allí los vecinos charlaban, los niños jugaban y el aroma del pan recién hecho salía del horno cada mañana.

Un día de primavera, un vecino amable y trabajador llamado Mariano tuvo una gran idea.

—¿Y si pongo un kiosco en la plaza? —pensó—. Podría vender dulces, periódicos y refrescos para todos. Mariano no quiso hacerlo sin permiso, así que fue al Ayuntamiento, donde se reunían las personas que cuidaban del pueblo. Les contó su idea con ilusión y respeto.

Los concejales escucharon con atención. Hablaron entre ellos y pensaron en lo mejor para todos.

—Nos gusta tu idea, Mariano —dijeron al final—, pero el kiosco debe cumplir algunas normas. Mariano abrió bien los oídos.

—El kiosco tendrá que ser pequeño y movible, por si algún día cambiamos la plaza —explicaron—. También tendrás que colocarlo donde nosotros digamos y pagar una pequeña cuota, como hacen los demás vecinos.

Mariano sonrió.

—Me parece justo —respondió—. Lo haré con gusto.

Y así fue. A los pocos días, el kiosco se colocó frente al horno, y pronto se llenó de vida. Los niños compraban caramelos, los mayores leían el periódico y todos saludaban a Mariano, que siempre tenía una palabra amable.

—¡Buenos días, Rosa! —¡Hola, Juan! ¿Un refresco hoy?

El kiosco no era muy grande, ni muy lujoso, pero era especial, porque había nacido del acuerdo, el respeto y las ganas de ayudar al pueblo.

Muchos años después, aunque el kiosco ya no esté, la historia de Mariano sigue viva. Porque cuando alguien tiene una buena idea y la comparte pensando en los demás, deja una huella que no se borra. Y si algún día paseas por el Portal del Sol, quizá puedas imaginar a Mariano sonriendo desde su pequeño kiosco de madera, saludando a todos por su nombre.




 


CUENTO HISTORICO "ANTONIO Y LA FRAGATA MÁGICA"

 

ANTONIO Y LA FRAGATA MÁGICA

 

Había una vez un niño de un pequeño pueblo llamado Estadilla. Se llamaba Antonio Abbad y soñaba con los barcos y los mares lejanos.

Cuando creció, Antonio se hizo marinero y subió a la fragata “Santa Gertrudis”, un barco enorme que lo llevaría a aventuras increíbles. Su misión era escribir un diario de todo lo que pasaba en el barco: tormentas, olas gigantes, islas misteriosas y barcos extraños que encontraban en el mar.

Antonio navegó desde Cádiz hasta América, pasando por Montevideo, Lima y Acapulco. Vieron nieve, hielo y hasta barcos con banderas sospechosas. En Acapulco ayudaron a marineros enfermos y siguieron su viaje con valentía.

Durante su viaje, Antonio también descubrió y corrigió mapas de islas que nadie había dibujado bien antes. Aunque el escorbuto y los insectos molestaban a la tripulación, Antonio siempre escribía la verdad en su diario.

Antonio Abbad vivió muchas aventuras, enfrentó peligros y ayudó a que el mundo conociera mejor los mares. Y aunque ya no está, su diario nos recuerda que con curiosidad y valentía cualquiera puede vivir grandes aventuras.




 


CUENTO HISTORICO " EL PUENTE DE FRAY ÍÑIGO"

 

EL PUENTE DE FRAY ÍÑIGO

 

Hace muchos años, en el pueblo de Coamo en Puerto Rico, la gente quería recordar a un hombre de Estadilla muy especial, llamado Fray Íñigo Abbad y Lasierra. Íñigo no era un héroe que luchaba con espadas, sino un hombre curioso y sabio que viajaba por la isla para aprender y contar historias de su gente.

Los habitantes de Coamo decidieron construir un puente sobre el río brillante, no solo para cruzarlo, sino para honrar a Fray Íñigo y todo lo que había enseñado. Lo llamaron Puente Padre Íñigo, y lo hicieron de hierro fuerte para que durara muchos años.

Cada día, niños y adultos cruzaban el puente y sentían que cada paso era un recuerdo de historias y aventuras. Íñigo les había enseñado que escuchar, aprender y cuidar a los demás era tan importante como cualquier otra hazaña.

Así, el puente se convirtió en un símbolo de memoria y amistad, un lugar donde el pasado y el presente se encontraban, y donde todos podían imaginar las historias de quienes vivieron antes.

Y todavía hoy, cuando alguien cruza el Puente de Fray Íñigo, puede sentir que cada paso conecta con la historia de Puerto Rico y con la sabiduría de un hombre que amaba aprender y contar historias.




 


CUENTO HISTORICO " EL HEROE OLVIDADO"

 

El Héroe que Descansó Bajo la Iglesia

Hace mucho, mucho tiempo, en un pueblito llamado Estadilla, vivía una mujer llamada Petronila. Tenía una gran casa con un balcón que miraba la plaza del Ayuntamiento. Era una casa especial, porque antes había sido de otra familia, y ahora ella la cuidaba con mucho cariño.

Un día, llegó al pueblo un hombre valiente llamado José de Sangenis. No había nacido en Estadilla, sino en un lugar llamado Albelda, y había vivido muchas aventuras. José había sido soldado y héroe, y había defendido ciudades enteras en guerras muy grandes. ¡Hasta había sido prisionero en Francia! Pero ahora venía a Estadilla con un corazón cansado de luchar… y listo para casarse con Petronila.

José y Petronila se casaron en 1826. La gente del pueblo los miraba con alegría, porque juntos hacían un hogar lleno de historias y risas. José contaba sus aventuras de la guerra, y a veces Petronila lo escuchaba con los ojos abiertos de asombro, imaginando los caballos, los cañones y los grandes castillos que él había visto.

Pero la vida tiene sus misterios. Solo dos años después, José murió. Todos en Estadilla lloraron, porque aquel hombre que había venido de tan lejos a su pueblo había dejado su corazón allí. Fue enterrado en la iglesia del pueblo, en un lugar muy especial: la sepultura de su propia casa, junto a Petronila.

Con los años, la iglesia se derrumbó y se reconstruyó. Nadie sabe exactamente dónde quedó su tumba, pero se dice que José todavía descansa bajo los pies de la nueva iglesia, escuchando los cantos y pasos de quienes entran a rezar o a jugar.

Así, aunque la historia de José de Sangenis y Torres no está escrita en grandes monumentos, los niños del pueblo siempre pueden imaginarlo: un héroe valiente y amable, que vino de la guerra para vivir junto a Petronila y sigue cuidando Estadilla desde su descanso secreto bajo la iglesia.

Y cada vez que alguien pisa el suelo de la iglesia, quizá sienten un poquito de su valentía, como un guiño de un héroe que nunca se olvida.





CUENTO HISTORICO " LAS AGUEDAS Y EL CAMPANARIO"

 

LAS AGUEDAS Y EL CAMPANARIO

 

 

Hace muchos años, en el pueblo se celebraba Santa Águeda con una tradición especial: las mujeres subían al campanario a tocar las campanas mientras las niñas del colegio las observaban con admiración. Al salir de clase, las niñas corrían a subir con ellas y, pese al miedo que daban las viejas escaleras de madera, vivían la experiencia con ilusión y valentía, ayudadas por familiares y amigas. Las mujeres también recorrían las casas cobrando montadas en un burro adornado. Hoy el antiguo campanario ya no existe, pero aquellas niñas son ahora mujeres que guardan con emoción el recuerdo de las campanas y de una tradición inolvidable.




CUENTO HISTORICO " LA CARRERA DE GALLOS"

 

LA CARRERA DE GALLOS

 

Hace muchos, muchos años, en el pueblo de Estadilla, había una olivera muy especial. Era una olivera grande y fuerte, que crecía tranquila junto al camino de tierra que llevaba al pueblo.

Un día, los vecinos tuvieron una idea muy divertida: organizar una gran carrera a pie.

Los corredores eran personas adultas del pueblo, hombres fuertes y rápidos, que entrenaban mucho caminando y corriendo por los caminos. La carrera empezaba junto a la olivera y seguía por un camino polvoriento, donde los pies levantaban nubes de polvo mientras corrían.

El camino llevaba hasta el pueblo, hasta llegar al Portal del Sol, donde estaba la meta. Allí mismo le esperaban todos los habitantes animándolos

¿Y cuál era el premio?¡Un gallo!

El gallo esperaba vivos y tranquilos en la meta. Eran el premio para el corredor que llegara primero. Por eso, desde entonces, la olivera se llamó la Olivera de los Gallos.

Hoy la carrera ya no se celebra, pero la olivera sigue en su sitio, cuidando la historia del pueblo y recordándonos cómo se divertían antes, cuando correr era una fiesta y todo el pueblo se reunía para mirar y animar.

Y ahora, los gallos…mejor que sigan felices, y que el premio sea el aplauso y la alegría de correr juntos.