jueves, 5 de febrero de 2026

VOTACIONES EN ESTADILLA 1900


 VOTACIONES EN ESTADILLA 1900

    

Hace unos días recibí en casa una tarjeta correspondiente al censo electoral y me llevó a investigar cómo se organizaban las votaciones en nuestro municipio a comienzos del siglo XX. En el año 1900, el proceso electoral era muy distinto al actual, tanto en la organización de los colegios como en la forma de votar.

    Según se establecía entonces, los vecinos de las calles Iglesia, Castillo, Romeo, Nueva y Mayor, así como de la costanilla de Bellostas y las travesías del Capitán, Abad y Castillazuelo, debían depositar su voto en la casa consistorial.



    Por su parte, quienes residían en las calles y travesías de la Almendra, Llenado, San Juan, San Luis, las travesías de Gimeno y Palometa, y en las zonas de la torre de las Monjas, torre del Ángel y torre de Costín, tenían asignado como lugar de votación las Escuelas Públicas de Niños.



    Pero no solo los espacios eran diferentes: la manera de votar también lo era. En aquella época, la administración no facilitaba las papeletas como ocurre hoy. Eran los partidos políticos quienes las imprimían y distribuían previamente, muchas veces en la calle, en cafés o incluso en los propios domicilios. El elector solía acudir al colegio electoral con la papeleta ya preparada, ya que no existían cabinas ni espacios privados para decidir el voto en el momento.

    Aunque el voto era teóricamente secreto, en la práctica no siempre lo era. La votación se realizaba a la vista de otras personas y era frecuente la presencia de autoridades locales o intermediarios políticos, en una época marcada por el caciquismo, donde las presiones, influencias e incluso la compra de votos eran habituales, especialmente en pueblos pequeños.

    Desde 1890 existía el sufragio universal masculino, por lo que podían votar los hombres mayores de 25 años, pero las mujeres aún no tenían derecho al voto, algo que no llegaría hasta décadas más tarde.

    Mirar atrás nos permite entender cuánto ha evolucionado el sistema democrático y valorar los avances que hoy damos por sentados.



Imagen: idea original del autor, ilustración desarrollada con ayuda de ChatGPT.



miércoles, 4 de febrero de 2026

SARAMPION

 

    En el año 1897, el municipio de Estadilla se vio afectado por la aparición de casos de sarampión, una enfermedad contagiosa frecuente en aquella época y especialmente peligrosa para la población infantil. Como consecuencia directa de este brote, el colegio de la localidad tuvo que cerrar temporalmente para evitar la propagación de la enfermedad entre los alumnos. La noticia fue recogida por el periódico El Ramo, en su edición del 9 de septiembre de 1897, lo que confirma el impacto que el sarampión tuvo en la vida cotidiana del pueblo. Este hecho refleja las limitaciones sanitarias del final del siglo XIX y las medidas preventivas adoptadas por las autoridades locales ante la ausencia de vacunas y de tratamientos eficaces.




La imagen que acompaña este texto es una idea del autor y ha sido realizada con la ayuda de ChatGPT

lunes, 2 de febrero de 2026

CUANDO LA BEBIDA SORPRENDIÓ A LA POLÍTICA: LA HISTORIA DE UN LICOR INUSUAL

                 Los licores singulares de Estadilla.

  Una curiosidad de la prensa local de junio de 1987

En junio de 1987, la localidad de Estadilla volvió a aparecer en la prensa por un hecho curioso y anecdótico: un licor con ingredientes poco convencionales que sorprendió incluso a políticos en campaña.

Según la información publicada en el diario Diario del Altoaragón el 6 de junio de 1987, el candidato número uno a las elecciones autonómicas por Huesca, acompañado de su equipo, fue invitado a una bodega local. Allí descubrieron que, en el fondo de una de las botellas, se encontraba una especie de pequeña culebrilla. Los propietarios explicaron que este ingrediente daba sabor y poseía propiedades afrodisíacas.

El artículo comparaba este licor con otra bebida que había sido “aliñada con salamanquesas”, lo que añade un matiz aún más curioso al relato. A pesar de la sorpresa inicial, los visitantes probaron las bebidas con tranquilidad y moderación, demostrando que en campaña política, incluso ante curiosidades gastronómicas, la prudencia es fundamental.

Este hecho, aunque anecdótico, refleja cómo ciertas tradiciones y curiosidades locales quedaban registradas en la prensa de la época, ofreciendo hoy un testimonio histórico de la vida cotidiana en pequeños pueblos aragoneses durante los años 80.

 

Fuente: Diario del Altoaragón, 6 de junio de 1987. Adaptado con fines culturales e históricos.

El dibujo es idea del autor y ha sido realizado por ChatGPT

sábado, 31 de enero de 2026

Manuel Ferrando y la defensa del viñedo en Estadilla

 

Manuel Ferrando 

y la defensa del viñedo en Estadilla


    A comienzos del siglo XX, la filoxera representó una de las mayores amenazas para la agricultura aragonesa y, en particular, para los municipios donde el viñedo constituía una base esencial de la economía local. En Estadilla, esta crisis encontró una respuesta temprana y comprometida en la figura de don Manuel Ferrando, agricultor y alcalde de la villa, cuya actuación revela un profundo conocimiento de la tierra y una clara preocupación por el futuro del cultivo de la vid.

    La implicación de Manuel Ferrando en los problemas vitícolas queda documentada ya en la primavera de 1902. El 6 de mayo de ese año, el Heraldo de Aragón recogía una consulta formulada por Ferrando desde Estadilla en el consultorio agrícola de Falez, Agelet y Compañía, en la que solicitaba asesoramiento técnico sobre la conveniencia de plantar vid americana o cepas híbridas para la reconstitución del viñedo tras la filoxera. El informe que recibió, firmado por Santiago Corella, analizaba con detalle la composición silíceo-calcárea de las tierras y exponía, con referencias a la experiencia francesa y catalana, las limitaciones del injerto sobre vid americana, sus elevados costes, la aparición de enfermedades criptogámicas y el progresivo agotamiento de las cepas. La respuesta, dirigida a una persona descrita como “discreta y culta”, muestra que Ferrando era considerado un interlocutor informado y respetado en los círculos técnicos agrarios.

    Pocos meses después, su papel fue aún más decisivo desde el ámbito institucional. El Diario de Huesca del 17 de octubre de 1902 informaba de que el alcalde de Estadilla, Manuel Ferrando, había remitido al Gobernador Civil de la provincia varias cepas sospechosas de estar afectadas por filoxera para su reconocimiento oficial por el Servicio Agronómico. A raíz de esta iniciativa, se ordenó una inspección técnica del término municipal, realizada por un ayudante del Ingeniero Agrónomo provincial. El resultado fue concluyente: todo el viñedo de Estadilla se hallaba afectado por la plaga, constatándose que llevaba ya dos o tres años causando graves estragos. La actuación de Ferrando permitió que la situación fuera conocida oficialmente por la autoridad provincial, paso imprescindible para que los viticultores pudieran aspirar a la declaración formal de filoxera y acometer la replantación de los viñedos con vides resistentes.

    La preocupación de Manuel Ferrando por la agricultura y la viticultura no se limitó a los años de la crisis inicial. En 1906, el Heraldo de Aragón volvía a mencionarlo con motivo de la inauguración de la escuela práctica de injertadores en la Granja agrícola. En la crónica publicada el 18 de abril, Ferrando aparece entre los propietarios y agricultores que asistieron a las sesiones prácticas, junto a viticultores de distintos puntos de la provincia, lo que confirma su interés continuado por la formación técnica y la aplicación de nuevos métodos para la reconstrucción del viñedo.



   El recorrido de estas noticias permite trazar el perfil de Manuel Ferrando como una figura clave en la historia agraria de Estadilla: un hombre profundamente vinculado a la tierra, atento a los avances científicos de su tiempo y consciente de la importancia de actuar tanto desde la responsabilidad pública como desde el compromiso personal con el campo. Su labor refleja una forma moderna y anticipada de afrontar las crisis agrícolas, basada en el conocimiento, la cooperación y la defensa del interés colectivo.






Fuentes: Heraldo de Aragón (6 de mayo de 1902 y 18 de abril de 1906), Diario de Huesca (17 de octubre de 1902).

Imagen: idea del autor, realizada con ChatGPT

miércoles, 28 de enero de 2026

LAS AGUEDAS Y EL CAMPANARIO

 Recuerdos del campanario

LAS AGUEDAS Y EL CAMPANARIO

    Hace muchos años, en aquel pueblo, existía una tradición muy especial por Santa Águeda. Las mujeres que iban a cobrar por las casas eran valientes: subían al campanario a tocar las campanas, mientras las niñas del colegio las miraban fascinadas desde abajo.

    Cuando las niñas salían de clase, corrían directas al campanario, porque sabían que allí estaban las mujeres tocando la campana de los mortijuelos. Esa campana, la más antigua y pesada, se hacía sonar tirando de una cuerda, y con paciencia, las mujeres dejaban que ellas también la tocaran. Era un honor, y al mismo tiempo, un pequeño desafío.

    

    Una niña de unos once o doce años recuerda la primera vez que subió al campanario con sus amigas. El corazón le latía con fuerza: el último tramo de escaleras era de madera y estaba muy deteriorado. Mirar hacia abajo suponía un verdadero reto, y el miedo se mezclaba con la emoción. Subía a veces con su tía, que era muy atrevida y la animaba a seguir, aunque las escaleras imponían respeto.

    Antes, las mujeres pasaban por las casas cobrando montadas en un burro adornado con cintas y campanillas. Muchos recuerdos se acumulan en aquel campanario: cada tabla de madera, cada campana, cada cuerda que las niñas tiraban con cuidado.

    La niña también subía gracias a la amistad con Ascensión, la hija del campanero. Había un tramo sin pasamanos, solo la pared a la que había que agarrarse. Mirar hacia abajo era un vértigo que hacía sentir pequeñas y valientes a la vez. Eran inconscientes, niñas con poca cabeza, pero llenas de aventuras y de risas.

    Hoy, aquel campanario ya no existe. Hay uno nuevo, más seguro, y las mujeres ya no suben a tocar las campanas. Sin embargo, aquellas niñas que subían al campanario son hoy mujeres que todavía conservan en la memoria el recuerdo de cuando sonaban las campanas y la emoción de aquel lugar.




Imagen: idea original del autor, ilustración desarrollada con ayuda de ChatGPT.


miércoles, 21 de enero de 2026

EL PASTOR DE ESTADILLA

 

    En lo alto del Alto Aragón, entre los valles de la Ribagorza Alta y las cumbres de Sobrarbe, la vida del pastor ha marcado generaciones. Allí, Antonio Amat Alós, de Estadilla, se convirtió en un ejemplo viviente de la trashumancia y el pastoralismo, oficios que su familia ha mantenido durante cuatro generaciones. En 1999, durante la III Jornada de Pastoralismo y Trashumancia en Barbastro, organizada con motivo del Salón de Ecología y Medio Ambiente (SENDA), Antonio recibió el “Cayado de Honor” como “Ganadero trashumante 1999” (Diario del AltoAragón, 9 de octubre de 1999). 

    El galardón reconocía no solo su trayectoria, sino también la continuidad de un oficio en regresión, lleno de historia y de esfuerzo.

        Durante más de veintitrés años, Antonio recorrió la montaña con sus rebaños de ovejas y cabras, viviendo meses enteros lejos de casa. Dormir al raso o en cabañas sin comodidades se convirtió en rutina. La dureza del clima, la soledad y las largas jornadas fortalecieron sus manos y su carácter. Sin embargo, su pasión y vocación nunca flaquearon: el pastoralismo era más que un trabajo, era una tradición familiar que él había abrazado desde la cuna (Diario del AltoAragón, 17 de octubre de 1999).



        A pesar de su entrega, la vida del pastor no ofrecía lujos. Los precios del mercado apenas cubrían los gastos, y mantener el ganado era costoso. Antonio se encargaba de todo: preparar la comida, curar las ovejas y recorrer los pastos con sus hijos siguiendo la tradición familiar. Para él, recibir el Cayado de Honor, tallado en madera de almez por el artesano Antonio Castillo en Moliniás, era un reconocimiento a toda una vida dedicada al oficio, más que un premio económico.

        Pero la montaña no perdona. Antonio vivió situaciones extremas que muestran la dureza de la trashumancia: un año, un rayo alcanzó a un compañero y lo mató, mientras trescientas ovejas bajo su cuidado murieron. A pesar de estas tragedias, su compromiso con la tradición nunca se quebró. Sabía que desde fuera, muchos turistas imaginaban la vida del pastor como idílica, sin comprender la realidad de piedras, niebla, frío y esfuerzo constante. Cada día quedaban menos pastores capaces de subir al puerto, y Antonio entendía que la supervivencia del oficio dependía del apoyo institucional y del interés por mantener viva esta herencia (Diario del AltoAragón, 17 de octubre de 1999).

        Antonio Amat encarnó la tradición, la resistencia y la pasión del pastoralismo aragonés. Su vida fue un testimonio de lo que significa dedicar años a un oficio que modela el paisaje, conserva la montaña y transmite cultura. Con el Cayado de Honor en la mano y un legado que permanece vivo en sus hijos, Antonio deja una historia de esfuerzo, vocación y amor por la montaña, recordando que sin reconocimiento y apoyo, estas páginas de la historia del Alto Aragón podrían cerrarse para siempre.

Título: El Pastor de Estadilla

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Verso 1:

Desde Estadilla salió con su rebaño al amanecer,
por valles y montañas, donde el viento suele morder.
Generaciones de pastores han seguido su andar,
tradición que se mantiene, difícil de quebrar.

Rayos y riadas, noches al raso sin temor,
ovejas y cabras, su vida y su labor.
Entre piedras y boira, la soledad es su amiga fiel,
pero el corazón del pastor late fuerte en la piel.

Estribillo:
El pastor de Estadilla, con el cayado en la mano,
honra la tradición que recorre el Pirineo temprano.
Aunque la vida sea dura y los tiempos cambien ya,
el pastoreo y la trashumancia siempre vivirán.

Verso 2:
Treinta y tres años de historia en el monte pasó,
con el rebaño a Góriz, donde el frío lo abrazó.
No hay riquezas que compren su fuerza y valor,
la montaña y los corderos son su único tesoro mayor.

El oficio se acaba, cada día queda menos,
los turistas miran y llaman “pinchos” a sus frenos.
Pero en cada jornada, entre el pasto y la cabaña,
resiste la tradición, que en su sangre se baña.

Estribillo:
El pastor de Estadilla, con el cayado en la mano,
honra la tradición que recorre el Pirineo temprano.
Aunque la vida sea dura y los tiempos cambien ya,
el pastoreo y la trashumancia siempre vivirán.

Puente:
Un rayo cayó y un compañero perdió,
trescientas ovejas y la pena que quedó.
Pero en la cumbre y el valle, la vida continúa,
cada paso del pastor, un canto que perdura.

Verso 3:
El “Cayado de Honor” lo distingue hoy,
un reconocimiento a un oficio que da lo mejor.
De su abuelo a sus hijos, la tradición seguirá,
porque la montaña y el rebaño nunca se olvidará.

Estribillo Final:
El pastor de Estadilla, con el cayado en la mano,
honra la tradición que recorre el Pirineo temprano.
Aunque la vida sea dura y los tiempos cambien ya,

el pastoreo y la trashumancia siempre vivirán.



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sábado, 17 de enero de 2026

HUERTA Y RIO CINCA FINALES SIGLO XIX

 

Estadilla a finales del siglo XIX: 

Huertas, río Cinca y vida rural

    Estada, 7 de mayo de 1897 – Las huertas de Estadilla, al igual que las de Estada, son reconocidas desde tiempo inmemorial por la exquisitez de sus frutas y verduras, que encuentran gran acogida en los mercados de Barbastro, Graus y Benabarre. La tierra, de excelente calidad, se cultiva con esmero, buscando un rendimiento que compense el trabajo y el arriendo, que en la época fluctúa entre siete y nueve duros por fanega. La propiedad de la tierra está poco dividida, mientras que los colonos son numerosos, reflejo de una comunidad agrícola activa y organizada.



    En la localidad también se producen aceite, vino y cereales, siendo la cosecha de aceite de importancia relativa en los años favorables. Sin embargo, la prosperidad de las huertas se ve amenazada por la fuerza del río Cinca, cuyas frecuentes avenidas han reducido a la mitad la extensión cultivable en los últimos treinta años. Los expertos locales advierten que, si no se construyen obras de defensa, la vida de los braceros (trabajadores manuales del campo) podría volverse insostenible, y la emigración se convertiría en un fenómeno inevitable, especialmente si los regadíos de pueblos vecinos empiezan a competir en la producción de hortalizas y verduras.

    No obstante, la vida en el campo también estaba marcada por riesgos y tragedias. Recientemente se confirmó la muerte por ahogamiento del joven Manuel Sin, cuyo cadáver fue arrastrado por la corriente hasta el molino harinero de Enate, recordando a la comunidad la fuerza implacable del río que ha moldeado tanto su economía como su vida cotidiana.

    En conjunto, Estadilla a finales del siglo XIX era un ejemplo de vida rural pujante y trabajadora, enfrentando los desafíos de la naturaleza y la economía, y mostrando la estrecha relación entre su huerta, el río Cinca y la supervivencia de su comunidad.


Fuente:
Fondevilla, V. (10 de mayo de 1897). Región aragonesa. En la zona del Canal. Diario de Avisos de Zaragoza. Recuperado de https://www.zaragoza.es/hemeroteca/prensa/HMZ_P0015/HMZ_P0015_1897-05-10/HMZ_P0015_1897-05-10.pdf