Ahora hace 10 años que la revista Buñero de Estadilla publicó, en el año 2016, un artículo de nuestra amiga María Jesús Cera. En él, hablaba de su padre y de nuestro pastelero. La mejor descripción de Miguelé, su padre, la hizo ella misma.
Muchos de nosotros, cuando vamos a ver su casa y nos quedamos maravillados de su patio, su escalera, sus escudos y su tienda, no nos damos cuenta del patrimonio humano que esconde ese lugar.
Quiero que este artículo, recuperado de la revista Buñero, nos haga sentir, la próxima vez que visitemos ese lugar, la esencia del sitio y nos invite a buscar en el ambiente ese aroma a pastelería llena de dulces.
Animo a todos a recordar a Miguelé cuando estemos allí y a no olvidarnos de que el patrimonio auténtico lo hacen personas como Miguelé y su hija María Jesús
A
Miguelé, "Un dulce recuerdo"
El
último pastelero
Mª
Jesús Cera
Hacía
mucho tiempo que deseaba escribir un relato sobre la persona entrañable de mi
padre, Miguel Cera, conocido como "Miguelé el pastelero", pero ha
sido en este verano de 2015 cuando, al oír una conversación de unas personas,
hijas del pueblo y que residen hace muchos años fuera, me he decidido a
publicarlo.
En una
de las noches calurosas que hemos sufrido este verano, mientras yo tomaba el
fresco en el balcón de nuestra casa, unas señoras se retiraban a descansar en
compañía de un vecino del pueblo e iban hablando de los cambios que con los
años había experimentado el municipio, en concreto la calle Mayor: Aqui vivía
tal familia, aquí tal otra, y al llegar a la puerta de casa, decían: Esta
era la tienda de Miguelé. ¿Te acuerdas qué ricos pasteles y dulces hacia?
Yo, de verdad, me emocioné y mucho por el hecho de que después de 40 o 50 años
se acordaran de él personas que hacía mucho tiempo que ya no residían aquí.
Nació
en la villa de Fonz en el año 1903, pues su madre, Carmen, era de allí. Con
solo 3 meses sus padres vinieron a vivir a Estadilla, donde se crio y vivió sus
primeros años. Era el segundo de 8 hermanos. Su padre era un excelente albañil
del que aún quedan muchas y hermosas obras y por eso es muy extraño que no le
enseñara su oficio.
Yo
supe por él y por mis tías que de muy jovencito ya iba a "Casa
Gambiaso" y aprendió a hacer bizcochos y algunas otras cosas. Cuando tenía
entre 13 y 14 años lo llevaron a Huesca para ser aprendiz en una afamada
pastelería, donde no estuvo mucho tiempo.
Un
hermano de su padre, el tío Nicolás, que trabajaba de contratista de obras en
Ejea de los Caballeros, lo colocó en una afamada pastelería llamada Casa Cía,
para ser aprendiz. Allí estuvo 15 años y se hizo un hombre de bien y un
excelente pastelero.
A la
edad de 29 años, su padre Miguel le montó aquí en Estadilla un obrador con
horno y despacho de estupendos productos y una tienda de comestibles, que
también llevaban mis tías; y más tarde, cuando formó su familia, fue mi madre
quien le ayudó en el negocio.
Tenía
más de 40 especialidades que durante todo el año y según la época sacaba a la
venta. Si los mayores, que ya somos mayoría, lo recuerdan, lo primero que te
nombrarán serán los pasteles "borrachos" y los merengues; después las
lionesas de crema (con nata no trabajaba), los pasteles de yema, los de coco,
las tartas, las arras, el huevo hilado, los turrones de yema, de frutas y de
guirlache, las tortas imperiales, los bizcochos, los melindros, frutas
escarchadas, caramelos, sequillos, "esponjaus" o azucarillos, fondant
de chocolate, para hacer las yemas de coco y de turrón de jijona, mantecados,
bizcocho glaseado, toda clase de pastas de té, tartas y cocos al horno, etc.
etc.
Aparte de todas sus cualidades, una cosa muy extraña es que no tenía ninguna receta anotada, pues nunca encontramos nada escrito, todo lo tenía en su cabeza. En casa no nos enseñó nada, ni tenemos ningún "secreto" anotado. Si que tengo que decir que a varias personas les había dejado testimonio de su saber, con algunas recetas que le pedían. En concreto a una vecina muy querida le enseñó a hacer carne de membrillo que ella tiene anotada como del siño Miguelé. Toda su producción era artesana con productos de primera calidad, hecho todo a mano y jamás empleó aditivos, ni conservantes ni colorantes.
No
solo era en Estadilla donde conocían sus dulces, muchos pueblos del entorno degustaban
sus especialidades, pues todos los años subiamos en el Viernes de Dolores a la
romería de la Carrodilla, donde ponía a la venta la mercancía que hacia para la
ocasión y que con un vasito de manzanilla o moscatel pasaba de maravilla
Cuando
yo era muy jovencita, recuerdo que le encargaron para una boda de Estada las
arras que, según la costumbre, llevaban los novios a la iglesia, y como cosa
curiosa diré que se las llevaron andando por la costera la Fuente y la Canaleta
la hermana del novio y la de la novia.
Las
últimas arras que hizo aquí fueron para una boda en el año 1968, para una persona
muy querida a la que se las había prometido y que fueron su regalo de boda.
Cuando
llegaban las fiestas era él quien se encargaba de hacer los dulces para la ronda
a las autoridades, pues la víspera subían a la Plaza Mayor toda la junta
directiva de la sociedad L ‘Aurora a rondar y cantar jotas a todas las
autoridades, y después eran invitados a tomar unos buenos vinos y sus
"pastas finas" en el salón del ayuntamiento. Un recuerdo muy
entrañable que tengo es verlo en la puerta de la tienda, con su oronda figura y
su delantal blanco mientras le dedicaban una jota rondadora. El cantador de
Santa Lecina le hizo esta que reproduzco a continuación y que encontramos
anotada en un papel en el cajón de su escritorio:
Ya
está Miguelé en la calle
después
de endulzar al pueblo.
Por
muchos años deseo
que así
lo sigas haciendo.
Cuando
falleció en marzo del año 1981, hacía casi tres años que había dejado su actividad
y cerrado su negocio, después de cincuenta años sin cerrar la puerta al público
ninguno de los días del año.
Después
de pensarlo mucho y de pedirme muchas personas que lo hiciera, espero con este
relato poder hacerle un pequeño homenaje y un recuerdo muy querido a la persona
de mi padre, que tantos años endulzó y dio alegría a este precioso lugar
llamado Estadilla.
PULSA AQUI PARA ESCUCHAR SU CANCION
LETRA
Miguelé el pastelero
en Estadilla creció,
entre aromas de merengues
su camino comenzó.
De Fonz vino siendo niño,
y en el pueblo se quedó,
hijo de un gran albañil
que hermosas obras dejó.
En casa de Gambiasso
los dulces descubrió,
el arte de hacer bizcochos
su corazón lo adoptó.
Y con apenas trece años
la vida lo encaminó
a la ciudad de Huesca,
donde maestro se formó.
Quince años en Casa Cía,
trabajo, esfuerzo y sudor;
entre masas y merengues
forjó nombre y vocación.
Aprendió a ser pastelero,
pero también a ser mejor,
con manos llenas de oficio
y un corazón trabajador.
Ya está Miguelé en la calle,
después de endulzar al pueblo,
por muchos años deseo,
que así lo sigas haciendo.
Regresó a su Estadilla
con ilusión y ambición,
y su padre, buen maestro,
el obrador le montó.
Horno grande, tienda estrecha,
pero llena de sabor,
donde cada madrugada
Miguelé ponía el sol.
Su mujer fue compañera,
su apoyo y su inspiración,
en la tienda y en la vida
siempre a su lado quedó.
Él sin recetas escritas,
todo en la mente guardó,
que los genios de verdad
escriben con el corazón.
Cuarenta especialidades
la comarca disfrutó:
lionesas de crema fina,
pasteles borrachos, ¡qué don!
Yema dulce, coco tierno,
arras y huevo hilado,
y aquellos buenos esponjaus
que el alma habían alegrado.
Ya está Miguelé en la calle,
después de endulzar al pueblo,
por muchos años deseo,
que así lo sigas haciendo.
A la Carrodilla subía
con los dulces del fervor,
y un vasito de moscatel
que servía de bendición.
Los pueblos del contorno
esperaban con amor
que llegara Miguelé
con su cesta y su sabor.
En la puerta de su tienda
la rondalla lo encontró,
delantal blanco y sonrisa
que a todos nos cautivó.
Y la copla que le hacían,
entre guitarras y voz,
todavía en Estadilla
resuena con emoción.
Ya está Miguelé en la calle,
después de endulzar al pueblo,
por muchos años deseo,
que así lo sigas haciendo.
Cincuenta años entregado,
servicio, arte y devoción;
hoy el último pastelero
de aquel tiempo se marchó.
Pero en cada dulce tierno
su recuerdo se quedó,
y en el alma de su pueblo
Miguelé nunca murió.
Ya está Miguelé en la calle,
después de endulzar al pueblo,
por muchos años deseo,
que así lo sigas haciendo




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