jueves, 12 de febrero de 2026

EL MILAGRO DE UN ESTADILLANO



 


EL MILAGRO DE LA MULA EN ECUADOR


    El padre Matías Buil, natural de Estadilla, ejercía como párroco en la localidad de Pan, en Ecuador. La gente del lugar lo tenía por un hombre santo, de vida sencilla y profunda fe. Decían que allí por donde pasaba dejaba huellas invisibles, hechas de consuelo y caridad.

    En los campos cercanos vivía una mujer de antiguo linaje, alta y distinguida, que con el paso de los años había visto desaparecer su fortuna, su familia y sus criados. Nunca se casó y terminó quedándose sola, acompañada únicamente por una mula que se volvió el sostén de su vida. Con ella viajaba a sus pequeñas tierras, hacía compras, visitaba conocidos y, sobre todo, acudía cada domingo a misa en Pan.

Aquel día, como de costumbre, la mujer llegó al pueblo montada en su inseparable compañera. Al desmontar frente a la posada donde solía alojarse, la mula se agitó de pronto, dio un último resuello y cayó muerta. La mujer se arrojó sobre el animal, lo abrazó entre lágrimas y gritó desesperada que había perdido el apoyo de su vejez. La impresión fue tan grande que cayó desmayada.

    Al ver la escena, fueron a buscar al padre Matías Buil con urgencia. Él acudió de inmediato. Cuando se disponía a asistir a la mujer, ella recobró el sentido y, con voz angustiada, le suplicó que no pensara en ella, sino en la mula, pues sin el animal no deseaba seguir viviendo. Los presentes confirmaron que la mula estaba muerta y rogaron al sacerdote que intercediera.

    El padre suspiró con humildad y dijo que haría solo lo que Dios permitiera. Invitó a rezar con fe, pidió un trozo de panela y dio la bendición. Entonces, ante el asombro de todos, la mula abrió los ojos. El padre se inclinó, le mostró la panela y le habló con sencillez. Poco después, el animal se puso en pie, vivo nuevamente.

    La mujer abrazó a su mula llorando de alegría. El padre, con una sonrisa discreta, comentó en voz baja que aquella escena parecía sacada de una antigua historia de caballería, y pidió que tanto la mujer como el animal fueran atendidos con alimento y descanso.

    Después de la misa, la mujer se acercó al padre Matías Buil, le agradeció profundamente y le contó las dificultades de su vida. Desde entonces, se supo que el sacerdote la ayudó siempre con caridad discreta, sin alardes, como quien entiende que los verdaderos milagros no siempre terminan cuando el prodigio ocurre, sino cuando comienza la compasión.

    Así quedó grabada en Pan la historia de la mujer y su mula, y el recuerdo de un sacerdote venido de Estadilla, cuya fe sencilla dejó una huella imborrable

miércoles, 11 de febrero de 2026

MIGUELE EL PASTELERO

 

        Ahora hace 10 años que la revista Buñero de Estadilla publicó, en el año 2016, un artículo de nuestra amiga María Jesús Cera. En él, hablaba de su padre y de nuestro pastelero. La mejor descripción de Miguelé, su padre, la hizo ella misma.

        Muchos de nosotros, cuando vamos a ver su casa y nos quedamos maravillados de su patio, su escalera, sus escudos y su tienda, no nos damos cuenta del patrimonio humano que esconde ese lugar.

        Quiero que este artículo, recuperado de la revista Buñero, nos haga sentir, la próxima vez que visitemos ese lugar, la esencia del sitio y nos invite a buscar en el ambiente ese aroma a pastelería llena de dulces.

        Animo a todos a recordar a Miguelé cuando estemos allí y a no olvidarnos de que el patrimonio auténtico lo hacen personas como Miguelé y su hija María Jesús


A Miguelé, "Un dulce recuerdo"

El último pastelero


Mª Jesús Cera

Hacía mucho tiempo que deseaba escribir un relato sobre la persona entrañable de mi padre, Miguel Cera, conocido como "Miguelé el pastelero", pero ha sido en este verano de 2015 cuando, al oír una conversación de unas personas, hijas del pueblo y que residen hace muchos años fuera, me he decidido a publicarlo.

En una de las noches calurosas que hemos sufrido este verano, mientras yo tomaba el fresco en el balcón de nuestra casa, unas señoras se retiraban a descansar en compañía de un vecino del pueblo e iban hablando de los cambios que con los años había experimentado el municipio, en concreto la calle Mayor: Aqui vivía tal familia, aquí tal otra, y al llegar a la puerta de casa, decían: Esta era la tienda de Miguelé. ¿Te acuerdas qué ricos pasteles y dulces hacia? Yo, de verdad, me emocioné y mucho por el hecho de que después de 40 o 50 años se acordaran de él personas que hacía mucho tiempo que ya no residían aquí.

Nació en la villa de Fonz en el año 1903, pues su madre, Carmen, era de allí. Con solo 3 meses sus padres vinieron a vivir a Estadilla, donde se crio y vivió sus primeros años. Era el segundo de 8 hermanos. Su padre era un excelente albañil del que aún quedan muchas y hermosas obras y por eso es muy extraño que no le enseñara su oficio.

Yo supe por él y por mis tías que de muy jovencito ya iba a "Casa Gambiaso" y aprendió a hacer bizcochos y algunas otras cosas. Cuando tenía entre 13 y 14 años lo llevaron a Huesca para ser aprendiz en una afamada pastelería, donde no estuvo mucho tiempo.

Un hermano de su padre, el tío Nicolás, que trabajaba de contratista de obras en Ejea de los Caballeros, lo colocó en una afamada pastelería llamada Casa Cía, para ser aprendiz. Allí estuvo 15 años y se hizo un hombre de bien y un excelente pastelero.

A la edad de 29 años, su padre Miguel le montó aquí en Estadilla un obrador con horno y despacho de estupendos productos y una tienda de comestibles, que también llevaban mis tías; y más tarde, cuando formó su familia, fue mi madre quien le ayudó en el negocio.

Tenía más de 40 especialidades que durante todo el año y según la época sacaba a la venta. Si los mayores, que ya somos mayoría, lo recuerdan, lo primero que te nombrarán serán los pasteles "borrachos" y los merengues; después las lionesas de crema (con nata no trabajaba), los pasteles de yema, los de coco, las tartas, las arras, el huevo hilado, los turrones de yema, de frutas y de guirlache, las tortas imperiales, los bizcochos, los melindros, frutas escarchadas, caramelos, sequillos, "esponjaus" o azucarillos, fondant de chocolate, para hacer las yemas de coco y de turrón de jijona, mantecados, bizcocho glaseado, toda clase de pastas de té, tartas y cocos al horno, etc. etc.


Aparte de todas sus cualidades, una cosa muy extraña es que no tenía ninguna receta anotada, pues nunca encontramos nada escrito, todo lo tenía en su cabeza. En casa no nos enseñó nada, ni tenemos ningún "secreto" anotado. Si que tengo que decir que a varias personas les había dejado testimonio de su saber, con algunas recetas que le pedían. En concreto a una vecina muy querida le enseñó a hacer carne de membrillo que ella tiene anotada como del siño Miguelé. Toda su producción era artesana con productos de primera calidad, hecho todo a mano y jamás empleó aditivos, ni conservantes ni colorantes.

No solo era en Estadilla donde conocían sus dulces, muchos pueblos del entorno degustaban sus especialidades, pues todos los años subiamos en el Viernes de Dolores a la romería de la Carrodilla, donde ponía a la venta la mercancía que hacia para la ocasión y que con un vasito de manzanilla o moscatel pasaba de maravilla





Cuando yo era muy jovencita, recuerdo que le encargaron para una boda de Estada las arras que, según la costumbre, llevaban los novios a la iglesia, y como cosa curiosa diré que se las llevaron andando por la costera la Fuente y la Canaleta la hermana del novio y la de la novia.

Las últimas arras que hizo aquí fueron para una boda en el año 1968, para una persona muy querida a la que se las había prometido y que fueron su regalo de boda.

Cuando llegaban las fiestas era él quien se encargaba de hacer los dulces para la ronda a las autoridades, pues la víspera subían a la Plaza Mayor toda la junta directiva de la sociedad L ‘Aurora a rondar y cantar jotas a todas las autoridades, y después eran invitados a tomar unos buenos vinos y sus "pastas finas" en el salón del ayuntamiento. Un recuerdo muy entrañable que tengo es verlo en la puerta de la tienda, con su oronda figura y su delantal blanco mientras le dedicaban una jota rondadora. El cantador de Santa Lecina le hizo esta que reproduzco a continuación y que encontramos anotada en un papel en el cajón de su escritorio:

Ya está Miguelé en la calle

después de endulzar al pueblo.

Por muchos años deseo

que así lo sigas haciendo.






Cuando falleció en marzo del año 1981, hacía casi tres años que había dejado su actividad y cerrado su negocio, después de cincuenta años sin cerrar la puerta al público ninguno de los días del año.

Después de pensarlo mucho y de pedirme muchas personas que lo hiciera, espero con este relato poder hacerle un pequeño homenaje y un recuerdo muy querido a la persona de mi padre, que tantos años endulzó y dio alegría a este precioso lugar llamado Estadilla.


PULSA AQUI PARA ESCUCHAR SU CANCION

LETRA

Miguelé el pastelero

en Estadilla creció,

entre aromas de merengues

su camino comenzó.

De Fonz vino siendo niño,

y en el pueblo se quedó,

hijo de un gran albañil

que hermosas obras dejó.

 

En casa de Gambiasso

los dulces descubrió,

el arte de hacer bizcochos

su corazón lo adoptó.

Y con apenas trece años

la vida lo encaminó

a la ciudad de Huesca,

donde maestro se formó.

 

Quince años en Casa Cía,

trabajo, esfuerzo y sudor;

entre masas y merengues

forjó nombre y vocación.

Aprendió a ser pastelero,

pero también a ser mejor,

con manos llenas de oficio

y un corazón trabajador.

 

Ya está Miguelé en la calle,

después de endulzar al pueblo,

por muchos años deseo,

que así lo sigas haciendo.

 

Regresó a su Estadilla

con ilusión y ambición,

y su padre, buen maestro,

el obrador le montó.

Horno grande, tienda estrecha,

pero llena de sabor,

donde cada madrugada

Miguelé ponía el sol.

 

Su mujer fue compañera,

su apoyo y su inspiración,

en la tienda y en la vida

siempre a su lado quedó.

Él sin recetas escritas,

todo en la mente guardó,

que los genios de verdad

escriben con el corazón.

 

Cuarenta especialidades

la comarca disfrutó:

lionesas de crema fina,

pasteles borrachos, ¡qué don!

Yema dulce, coco tierno,

arras y huevo hilado,

y aquellos buenos esponjaus

que el alma habían alegrado.

 

Ya está Miguelé en la calle,

después de endulzar al pueblo,

por muchos años deseo,

que así lo sigas haciendo.

 

A la Carrodilla subía

con los dulces del fervor,

y un vasito de moscatel

que servía de bendición.

Los pueblos del contorno

esperaban con amor

que llegara Miguelé

con su cesta y su sabor.

 

En la puerta de su tienda

la rondalla lo encontró,

delantal blanco y sonrisa

que a todos nos cautivó.

Y la copla que le hacían,

entre guitarras y voz,

todavía en Estadilla

resuena con emoción.

 

Ya está Miguelé en la calle,

después de endulzar al pueblo,

por muchos años deseo,

que así lo sigas haciendo.

 

Cincuenta años entregado,

servicio, arte y devoción;

hoy el último pastelero

de aquel tiempo se marchó.

Pero en cada dulce tierno

su recuerdo se quedó,

y en el alma de su pueblo

Miguelé nunca murió.

 

Ya está Miguelé en la calle,

después de endulzar al pueblo,

por muchos años deseo,

que así lo sigas haciendo


jueves, 5 de febrero de 2026

VOTACIONES EN ESTADILLA 1900


 VOTACIONES EN ESTADILLA 1900

    

Hace unos días recibí en casa una tarjeta correspondiente al censo electoral y me llevó a investigar cómo se organizaban las votaciones en nuestro municipio a comienzos del siglo XX. En el año 1900, el proceso electoral era muy distinto al actual, tanto en la organización de los colegios como en la forma de votar.

    Según se establecía entonces, los vecinos de las calles Iglesia, Castillo, Romeo, Nueva y Mayor, así como de la costanilla de Bellostas y las travesías del Capitán, Abad y Castillazuelo, debían depositar su voto en la casa consistorial.



    Por su parte, quienes residían en las calles y travesías de la Almendra, Llenado, San Juan, San Luis, las travesías de Gimeno y Palometa, y en las zonas de la torre de las Monjas, torre del Ángel y torre de Costín, tenían asignado como lugar de votación las Escuelas Públicas de Niños.



    Pero no solo los espacios eran diferentes: la manera de votar también lo era. En aquella época, la administración no facilitaba las papeletas como ocurre hoy. Eran los partidos políticos quienes las imprimían y distribuían previamente, muchas veces en la calle, en cafés o incluso en los propios domicilios. El elector solía acudir al colegio electoral con la papeleta ya preparada, ya que no existían cabinas ni espacios privados para decidir el voto en el momento.

    Aunque el voto era teóricamente secreto, en la práctica no siempre lo era. La votación se realizaba a la vista de otras personas y era frecuente la presencia de autoridades locales o intermediarios políticos, en una época marcada por el caciquismo, donde las presiones, influencias e incluso la compra de votos eran habituales, especialmente en pueblos pequeños.

    Desde 1890 existía el sufragio universal masculino, por lo que podían votar los hombres mayores de 25 años, pero las mujeres aún no tenían derecho al voto, algo que no llegaría hasta décadas más tarde.

    Mirar atrás nos permite entender cuánto ha evolucionado el sistema democrático y valorar los avances que hoy damos por sentados.



Imagen: idea original del autor, ilustración desarrollada con ayuda de ChatGPT.



miércoles, 4 de febrero de 2026

SARAMPION

 

    En el año 1897, el municipio de Estadilla se vio afectado por la aparición de casos de sarampión, una enfermedad contagiosa frecuente en aquella época y especialmente peligrosa para la población infantil. Como consecuencia directa de este brote, el colegio de la localidad tuvo que cerrar temporalmente para evitar la propagación de la enfermedad entre los alumnos. La noticia fue recogida por el periódico El Ramo, en su edición del 9 de septiembre de 1897, lo que confirma el impacto que el sarampión tuvo en la vida cotidiana del pueblo. Este hecho refleja las limitaciones sanitarias del final del siglo XIX y las medidas preventivas adoptadas por las autoridades locales ante la ausencia de vacunas y de tratamientos eficaces.




La imagen que acompaña este texto es una idea del autor y ha sido realizada con la ayuda de ChatGPT

lunes, 2 de febrero de 2026

CUANDO LA BEBIDA SORPRENDIÓ A LA POLÍTICA: LA HISTORIA DE UN LICOR INUSUAL

                 Los licores singulares de Estadilla.

  Una curiosidad de la prensa local de junio de 1987

En junio de 1987, la localidad de Estadilla volvió a aparecer en la prensa por un hecho curioso y anecdótico: un licor con ingredientes poco convencionales que sorprendió incluso a políticos en campaña.

Según la información publicada en el diario Diario del Altoaragón el 6 de junio de 1987, el candidato número uno a las elecciones autonómicas por Huesca, acompañado de su equipo, fue invitado a una bodega local. Allí descubrieron que, en el fondo de una de las botellas, se encontraba una especie de pequeña culebrilla. Los propietarios explicaron que este ingrediente daba sabor y poseía propiedades afrodisíacas.

El artículo comparaba este licor con otra bebida que había sido “aliñada con salamanquesas”, lo que añade un matiz aún más curioso al relato. A pesar de la sorpresa inicial, los visitantes probaron las bebidas con tranquilidad y moderación, demostrando que en campaña política, incluso ante curiosidades gastronómicas, la prudencia es fundamental.

Este hecho, aunque anecdótico, refleja cómo ciertas tradiciones y curiosidades locales quedaban registradas en la prensa de la época, ofreciendo hoy un testimonio histórico de la vida cotidiana en pequeños pueblos aragoneses durante los años 80.

 

Fuente: Diario del Altoaragón, 6 de junio de 1987. Adaptado con fines culturales e históricos.

El dibujo es idea del autor y ha sido realizado por ChatGPT

sábado, 31 de enero de 2026

Manuel Ferrando y la defensa del viñedo en Estadilla

 

Manuel Ferrando 

y la defensa del viñedo en Estadilla


    A comienzos del siglo XX, la filoxera representó una de las mayores amenazas para la agricultura aragonesa y, en particular, para los municipios donde el viñedo constituía una base esencial de la economía local. En Estadilla, esta crisis encontró una respuesta temprana y comprometida en la figura de don Manuel Ferrando, agricultor y alcalde de la villa, cuya actuación revela un profundo conocimiento de la tierra y una clara preocupación por el futuro del cultivo de la vid.

    La implicación de Manuel Ferrando en los problemas vitícolas queda documentada ya en la primavera de 1902. El 6 de mayo de ese año, el Heraldo de Aragón recogía una consulta formulada por Ferrando desde Estadilla en el consultorio agrícola de Falez, Agelet y Compañía, en la que solicitaba asesoramiento técnico sobre la conveniencia de plantar vid americana o cepas híbridas para la reconstitución del viñedo tras la filoxera. El informe que recibió, firmado por Santiago Corella, analizaba con detalle la composición silíceo-calcárea de las tierras y exponía, con referencias a la experiencia francesa y catalana, las limitaciones del injerto sobre vid americana, sus elevados costes, la aparición de enfermedades criptogámicas y el progresivo agotamiento de las cepas. La respuesta, dirigida a una persona descrita como “discreta y culta”, muestra que Ferrando era considerado un interlocutor informado y respetado en los círculos técnicos agrarios.

    Pocos meses después, su papel fue aún más decisivo desde el ámbito institucional. El Diario de Huesca del 17 de octubre de 1902 informaba de que el alcalde de Estadilla, Manuel Ferrando, había remitido al Gobernador Civil de la provincia varias cepas sospechosas de estar afectadas por filoxera para su reconocimiento oficial por el Servicio Agronómico. A raíz de esta iniciativa, se ordenó una inspección técnica del término municipal, realizada por un ayudante del Ingeniero Agrónomo provincial. El resultado fue concluyente: todo el viñedo de Estadilla se hallaba afectado por la plaga, constatándose que llevaba ya dos o tres años causando graves estragos. La actuación de Ferrando permitió que la situación fuera conocida oficialmente por la autoridad provincial, paso imprescindible para que los viticultores pudieran aspirar a la declaración formal de filoxera y acometer la replantación de los viñedos con vides resistentes.

    La preocupación de Manuel Ferrando por la agricultura y la viticultura no se limitó a los años de la crisis inicial. En 1906, el Heraldo de Aragón volvía a mencionarlo con motivo de la inauguración de la escuela práctica de injertadores en la Granja agrícola. En la crónica publicada el 18 de abril, Ferrando aparece entre los propietarios y agricultores que asistieron a las sesiones prácticas, junto a viticultores de distintos puntos de la provincia, lo que confirma su interés continuado por la formación técnica y la aplicación de nuevos métodos para la reconstrucción del viñedo.



   El recorrido de estas noticias permite trazar el perfil de Manuel Ferrando como una figura clave en la historia agraria de Estadilla: un hombre profundamente vinculado a la tierra, atento a los avances científicos de su tiempo y consciente de la importancia de actuar tanto desde la responsabilidad pública como desde el compromiso personal con el campo. Su labor refleja una forma moderna y anticipada de afrontar las crisis agrícolas, basada en el conocimiento, la cooperación y la defensa del interés colectivo.






Fuentes: Heraldo de Aragón (6 de mayo de 1902 y 18 de abril de 1906), Diario de Huesca (17 de octubre de 1902).

Imagen: idea del autor, realizada con ChatGPT

miércoles, 28 de enero de 2026

LAS AGUEDAS Y EL CAMPANARIO

 Recuerdos del campanario

LAS AGUEDAS Y EL CAMPANARIO

    Hace muchos años, en aquel pueblo, existía una tradición muy especial por Santa Águeda. Las mujeres que iban a cobrar por las casas eran valientes: subían al campanario a tocar las campanas, mientras las niñas del colegio las miraban fascinadas desde abajo.

    Cuando las niñas salían de clase, corrían directas al campanario, porque sabían que allí estaban las mujeres tocando la campana de los mortijuelos. Esa campana, la más antigua y pesada, se hacía sonar tirando de una cuerda, y con paciencia, las mujeres dejaban que ellas también la tocaran. Era un honor, y al mismo tiempo, un pequeño desafío.

    

    Una niña de unos once o doce años recuerda la primera vez que subió al campanario con sus amigas. El corazón le latía con fuerza: el último tramo de escaleras era de madera y estaba muy deteriorado. Mirar hacia abajo suponía un verdadero reto, y el miedo se mezclaba con la emoción. Subía a veces con su tía, que era muy atrevida y la animaba a seguir, aunque las escaleras imponían respeto.

    Antes, las mujeres pasaban por las casas cobrando montadas en un burro adornado con cintas y campanillas. Muchos recuerdos se acumulan en aquel campanario: cada tabla de madera, cada campana, cada cuerda que las niñas tiraban con cuidado.

    La niña también subía gracias a la amistad con Ascensión, la hija del campanero. Había un tramo sin pasamanos, solo la pared a la que había que agarrarse. Mirar hacia abajo era un vértigo que hacía sentir pequeñas y valientes a la vez. Eran inconscientes, niñas con poca cabeza, pero llenas de aventuras y de risas.

    Hoy, aquel campanario ya no existe. Hay uno nuevo, más seguro, y las mujeres ya no suben a tocar las campanas. Sin embargo, aquellas niñas que subían al campanario son hoy mujeres que todavía conservan en la memoria el recuerdo de cuando sonaban las campanas y la emoción de aquel lugar.




Imagen: idea original del autor, ilustración desarrollada con ayuda de ChatGPT.