CUENTO HISTORICO
EL MAESTRO QUE NO COBRABA
En un pequeño pueblo llamado
Estadilla, entre montañas y campos verdes, vivía un hombre muy especial: el
maestro Tomás. Cada día, con su pizarra y su tiza, enseñaba a los niños a leer,
a escribir y a descubrir cosas nuevas del mundo.
Pero había un problema: el maestro
Tomás no recibía su sueldo. Aunque trabajaba con alegría y dedicación, el
dinero que debía recibir del Ayuntamiento nunca llegaba a sus manos.
Al principio, Tomás pensó que podía
esperar. “Paciencia”, se decía, “lo importante es que los niños aprendan”. Pero
los días pasaron y el dinero seguía sin llegar. Entonces, con tristeza, decidió
irse a buscar cómo vivir mientras su sueldo se arreglaba.
El pueblo quedó muy silencioso. Los
niños extrañaban al maestro, y el aula estaba vacía. Los padres se preocuparon
y hablaron con el alcalde, que era quien debía asegurarse de que los maestros
recibieran su pago.
El alcalde revisó los fondos del
Ayuntamiento y se dio cuenta de que había dinero suficiente para pagarle a
Tomás. Llamó a un delegado desde Huesca y juntos organizaron todo para que el
maestro recibiera lo que le correspondía.
En pocos días, el maestro Tomás
regresó al pueblo, con su sonrisa y sus libros bajo el brazo. Los niños
aplaudieron y corrieron a abrazarlo, felices de tenerlo de nuevo enseñando.
Desde ese día, todos en Estadilla
aprendieron algo muy importante: los maestros merecen respeto y su trabajo debe
ser valorado. Y el maestro Tomás siguió enseñando, con alegría y con el corazón
lleno de amor por sus alumnos.

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