EL PUENTE DE FRAY ÍÑIGO
Hace muchos años, en el pueblo de
Coamo en Puerto Rico, la gente quería recordar a un hombre de Estadilla muy
especial, llamado Fray Íñigo Abbad y Lasierra. Íñigo no era un héroe que
luchaba con espadas, sino un hombre curioso y sabio que viajaba por la isla
para aprender y contar historias de su gente.
Los habitantes de Coamo decidieron
construir un puente sobre el río brillante, no solo para cruzarlo, sino para
honrar a Fray Íñigo y todo lo que había enseñado. Lo llamaron Puente Padre
Íñigo, y lo hicieron de hierro fuerte para que durara muchos años.
Cada día, niños y adultos cruzaban el
puente y sentían que cada paso era un recuerdo de historias y aventuras. Íñigo
les había enseñado que escuchar, aprender y cuidar a los demás era tan
importante como cualquier otra hazaña.
Así, el puente se convirtió en un
símbolo de memoria y amistad, un lugar donde el pasado y el presente se
encontraban, y donde todos podían imaginar las historias de quienes vivieron
antes.
Y todavía hoy, cuando alguien cruza
el Puente de Fray Íñigo, puede sentir que cada paso conecta con la historia de
Puerto Rico y con la sabiduría de un hombre que amaba aprender y contar
historias.

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