Cuando los solteros y los casados no se enfrentaban en el campo de fútbol, sino en el baile

    


Hasta no hace tantos años, en muchos pueblos las fiestas tenían una cita que casi nunca faltaba: el partido de fútbol entre solteros y casados. Era una forma de rivalidad festiva en la que el resultado importaba mucho menos que las bromas, el ambiente y la posibilidad de enfrentar durante un rato a dos grupos de la localidad. Pero en Estadilla encontramos, al menos en 1945, una curiosa forma de rivalidad que no se desarrollaba sobre un campo de fútbol, sino alrededor de la música y los bailes de las fiestas de San Lorenzo.

    Las actas municipales de aquel año nos permiten descubrir cómo se organizaban aquellos festejos. El Ayuntamiento dio cuenta de los programas preparados con motivo de las fiestas de San Lorenzo, diferenciando los organizados por los mozos y los casados. La documentación hace referencia además a dos orquestas de la localidad vinculadas a esos programas. No se trataba, por tanto, de una única celebración organizada de la misma manera para todos, sino de dos grupos que preparaban sus propios actos y contaban con sus respectivas orquestas para animar las fiestas.

    La situación llegó al Ayuntamiento porque aquella organización necesitaba unas determinadas condiciones. La corporación municipal dio su conformidad a los programas con la condición de que las orquestas no coincidieran rondando por las calles y que no se produjeran disturbios. La frase resulta especialmente interesante porque nos permite imaginar unas fiestas muy diferentes de las actuales. Las orquestas podían formar parte de las rondas y recorridos por las calles y cada grupo parecía querer mantener su propio espacio, hasta el punto de que el Ayuntamiento tuvo que intervenir para evitar que ambos grupos coincidieran y pudieran producirse problemas.

    No podemos afirmar que existiera una competición formal entre mozos y casados, porque el acta no utiliza esa expresión. Lo que sí podemos documentar es que tenían programas diferenciados, que participaban dos orquestas y que el Ayuntamiento estableció unas condiciones para evitar que coincidieran por las calles y que se produjeran disturbios. Con estos datos podemos imaginar unas fiestas en las que la música tenía un papel fundamental y en las que la rivalidad entre grupos formaba parte del ambiente festivo.

    Y aquí es donde resulta inevitable pensar en aquellos tradicionales partidos de solteros contra casados que durante tantos años se celebraron en los pueblos. En muchos lugares, dos grupos de vecinos se enfrentaban con un balón como excusa para convertir la rivalidad en diversión. En la Estadilla de 1945 encontramos algo que, salvando las distancias, recuerda a aquella costumbre: los mozos y los casados organizaban sus propios programas y tenían sus propias orquestas. En lugar de enfrentarse en el campo de fútbol, la rivalidad podía estar en las calles, en las rondas y, sobre todo, en el baile.

    No sabemos cuál de las dos orquestas tenía más éxito, cuál reunía a más vecinos ni qué ocurrió exactamente cuando las fiestas llegaron a las calles. Pero el hecho de que el Ayuntamiento tuviera que establecer expresamente que no coincidieran rondando y que no se produjeran disturbios nos permite comprender que aquellas celebraciones podían vivirse con bastante intensidad.

    Han pasado más de ochenta años y las formas de celebrar las fiestas han cambiado, pero quizá la esencia sea mucho más parecida de lo que pensamos. Las fiestas siempre han sido un momento para reunirse, divertirse, presumir de grupo y mantener pequeñas rivalidades que, en el fondo, forman parte de la propia vida de los pueblos. En unos lugares esa rivalidad acabó convertida en un partido de fútbol entre solteros y casados; en la Estadilla de 1945, al menos por lo que nos cuentan sus actas municipales, el terreno de juego podía ser la calle y el instrumento de aquella particular rivalidad, la música.

    Una pequeña anotación de un libro de actas nos permite así recuperar una imagen de las fiestas de San Lorenzo que probablemente habría quedado olvidada: los mozos por un lado, los casados por otro, dos orquestas animando las celebraciones y un Ayuntamiento preocupado por que aquella fiesta no terminara en disturbios.

Fuente documental: Libro de Actas del Ayuntamiento de Estadilla, 1945.

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