Cuando devolver la botella era parte del precio: las aguas de Estadilla en 1882

«Por el vidrio devuelto se abona un real».

Hoy hablamos continuamente de reciclaje, de reducir los residuos y de reutilizar los envases. Nos parece una preocupación propia de nuestro tiempo, pero un pequeño anuncio publicado en Huesca hace más de 140 años nos demuestra que algunas prácticas que hoy intentamos recuperar ya formaban parte de la comercialización de las aguas de Estadilla.
El documento apareció en El Diario de Huesca el 19 de julio de 1882, y anunciaba un producto que llevaba el nombre de nuestra localidad: «Agua ácido-sulfurosa de Estadilla». El anuncio explicaba que el agua estaba embotellada directamente en el manantial del establecimiento de los baños y que podía adquirirse en la Botica de Carlos Camo, en Huesca. La botella costaba 3¾ reales, pero había otro dato que hoy nos llama especialmente la atención: «Por el vidrio devuelto se abona un real».
Es una frase muy breve, pero encierra una información extraordinariamente interesante. Quien compraba una botella de agua de Estadilla no estaba simplemente adquiriendo un recipiente que después podía tirar. La botella tenía un valor propio y ese valor se recuperaba al devolverla. El comprador pagaba 3¾ reales por la botella de agua y, cuando entregaba nuevamente el envase de vidrio, recibía un real.
Dicho de otra manera, aquella botella tenía un precio de retorno. El vidrio no terminaba necesariamente su vida después de un solo uso, sino que volvía al circuito comercial. La devolución formaba parte del propio sistema de venta.
Hoy hablaríamos de reutilización de envases y lo relacionaríamos inmediatamente con la economía circular. Pero debemos tener cuidado con las palabras: no se trataba de reciclaje en el sentido moderno de recoger vidrio para fundirlo y fabricar nuevos envases. Lo que el anuncio documenta es algo diferente y, en cierto modo, todavía más sencillo: la recuperación del mismo recipiente para volver a utilizarlo.
Y resulta especialmente llamativo que este sistema aparezca relacionado precisamente con un producto de Estadilla. El agua ácido-sulfurosa del manantial había adquirido importancia desde la segunda mitad del siglo XIX. Según la información del Ayuntamiento de Estadilla, en 1859 comenzó su explotación con fines terapéuticos y se construyó un establecimiento junto al nacimiento del manantial, donde los visitantes podían beber el agua o tomar baños. Con el tiempo, aquella agua no solo se consumía en el propio establecimiento, sino que también podía embotellarse y comercializarse fuera de Estadilla.
El anuncio de 1882 nos permite ver precisamente ese paso: el agua de Estadilla salía de nuestro manantial, se embotellaba allí y llegaba hasta Huesca para ser vendida en una botica. Y el sistema de devolución del vidrio formaba parte de esa cadena comercial.
No era tampoco una práctica aislada en ese momento. Otro anuncio aparecido en El Diario de Huesca el 17 de septiembre de 1882 vuelve a ofrecer el agua ácido-sulfurosa de Estadilla y mantiene exactamente el mismo sistema: la botella tenía un precio y por el vidrio devuelto se abonaba un real. En ese anuncio vuelve a aparecer como punto de venta la Botica de Carlos Camo, Huesca.
Esto nos permite imaginar cómo podía funcionar aquella pequeña economía del envase. Una botella llena salía del establecimiento de los baños; viajaba hasta Huesca; un cliente compraba el agua y, posteriormente, el recipiente podía regresar para ser aprovechado nuevamente. El envase tenía un recorrido y un valor económico incluso después de haber cumplido su primera función.
Y aquí aparece una curiosa reflexión si lo comparamos con nuestros hábitos actuales. Durante décadas hemos vivido rodeados de envases concebidos para ser utilizados una sola vez. Hoy intentamos reducir ese modelo mediante el reciclaje, la reutilización y los sistemas de depósito y retorno. Sin embargo, aquel anuncio de 1882 nos recuerda que la idea de que un envase vacío conserva un valor y debe regresar al circuito de consumo no es nueva.
En el caso de Estadilla, además, el documento tiene un valor añadido. No estamos hablando de una botella cualquiera: estamos hablando de agua procedente de nuestro propio manantial, un agua que había dado lugar a un establecimiento de baños y que, en aquellos años, había conseguido convertirse también en un producto que se vendía fuera de la localidad.
Una botella de agua de Estadilla podía encontrarse en Huesca en 1882. Costaba 3¾ reales, y si el comprador devolvía el vidrio recibía un real. Aquel real era, en cierto modo, el reconocimiento de que el recipiente todavía tenía utilidad.
Quizá hoy nos sorprenda descubrir que detrás de un anuncio tan pequeño se encuentra una idea que seguimos intentando aplicar más de un siglo después: utilizar, devolver y volver a utilizar en lugar de usar y tirar.
Y hay algo especialmente bonito en esta historia. Cuando hoy hablamos de reciclar para reducir residuos, solemos pensar en grandes plantas industriales, contenedores y sistemas modernos de gestión. Pero en 1882, en la comercialización de las aguas de Estadilla, la solución podía ser mucho más sencilla: la botella volvía porque tenía valor.
A veces, para entender algunas de las preocupaciones del presente, basta con mirar un anuncio antiguo.
Fuente: El Diario de Huesca, año VIII, n.º 1948, 19 de julio de 1882, sección de anuncios. «Agua ácido-sulfurosa de Estadilla».
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