Cazcaburré: un nombre perdido entre un callizo, los burros y la memoria de Estadilla
Hay lugares de Estadilla que apenas necesitan unas palabras para despertar recuerdos. Uno de ellos es un pequeño callizo que une la calle de la Iglesia con la calle Romeo. Hoy forma parte de esta última y, para muchos vecinos, puede pasar prácticamente desapercibido. Es estrecho, tiene escalones, piedra, plantas, sombra y ese silencio particular de algunos rincones del casco antiguo. Sin embargo, durante generaciones tuvo un nombre propio: Cazcaburri, aunque la memoria oral de algunos vecinos lo conserva como Cazcaburré.
El nombre aparece incluso en la documentación municipal. En la sesión del Ayuntamiento de Estadilla del 21 de febrero de 1963 se habla de las obras relacionadas con las cloacas del callizo de Cazcaburri. Unos meses después, en la sesión del 15 de julio de 1963, vuelve a aparecer el mismo nombre al tratar cuestiones relacionadas con las obras de alcantarillado. Es decir, no estamos solamente ante un recuerdo transmitido oralmente: Cazcaburri quedó escrito en las actas municipales de los años sesenta.
Pero aquí aparece una cuestión que puede ser importante para entender el nombre. La lectura de la documentación no tiene por qué corresponder necesariamente a una i final. Lo que inicialmente podía interpretarse como Cazcaburrí quizá sea en realidad una forma que refleje la pronunciación Cazcaburré, con esa última vocal acentuada. La cuestión no está todavía resuelta, pero adquiere interés al encontrar en el habla de La Puebla de Castro, en la Baja Ribagorza, la palabra burré, recogida por Francisco Bruballa Angusto en su Vocabulario del habla de La Puebla de Castro (Baja Ribagorza), con el significado de «asnillo, burro pequeño». La existencia de esta forma en una localidad de nuestro entorno no demuestra que Cazcaburré tenga necesariamente ese origen, pero sí proporciona una pista lingüística que merece ser investigada.
Por tanto, no sería prudente corregir automáticamente el nombre documental a «Cazcaburre», ni tampoco afirmar que «Cazcaburrí» sea la forma correcta. La propia grafía antigua y, sobre todo, la pronunciación que conserva la memoria oral merecen ser estudiadas.
La memoria de los vecinos aporta ahora una pista todavía más sugerente. La primera posibilidad de relacionar el nombre con los burros fue planteada por Begoña Sarroca, al considerar que quizá aquel pequeño callizo pudiera haber tenido alguna relación con estos animales. Esta idea cobra ahora un nuevo interés gracias al testimonio de Nunila, actual propietaria de una de las casas del callizo.
Su vivienda conserva un antiguo corral y se encuentra en la zona conocida tradicionalmente como la Judería. La casa fue adquirida por su familia en 1966 y, aunque posteriormente fue reconstruida, el corral se mantiene prácticamente como era, según recuerda, desde hace más de dos siglos.
Es precisamente la existencia de este antiguo corral la que aporta una nueva posibilidad. Nunila recuerda que quizá por aquel estrecho callizo se accedía antiguamente con los burros hasta las casas y sus corrales, y plantea incluso que el nombre pudiera guardar alguna relación con los animales o con alguna actividad que se realizara con ellos.
No sabemos si realmente era así. Pero el recuerdo resulta especialmente interesante cuando se pone en relación con la propuesta inicial de Begoña Sarroca y con la existencia de la forma burré, documentada en La Puebla de Castro con el significado de «asnillo, burro pequeño».
Todo ello no demuestra el origen del nombre Cazcaburré, pero sí reúne varias pistas que hacen que esta posibilidad merezca ser investigada.
Y la memoria oral vuelve a aportar otro detalle. María Jesús Cera recuerda que su madre hablaba de una mujer conocida como Joaquina de Casa Cazcaburre, que posteriormente se marchó a vivir a Barcelona. Esto resulta especialmente interesante porque nos demuestra que Casa Cazcaburre no era solamente una manera de identificar el lugar, sino también una denominación reconocible dentro de la comunidad.
Sin embargo, al revisar los censos consultados hasta ahora no hemos encontrado una familia cuyo apellido fuera Cazcaburre. Todo parece indicar, por tanto, que estaríamos ante un nombre de casa, un sobrenombre o una denominación popular vinculada al lugar, y no necesariamente ante un apellido.
En esta investigación también ha intervenido Ignacio Cera, que ha tratado de buscar información sobre el origen del nombre y ha recogido otras referencias transmitidas oralmente. Precisamente esa participación de los vecinos es la que está permitiendo reconstruir una parte de la historia que difícilmente aparecería completa en los documentos oficiales. Los libros de actas pueden decirnos que en 1963 existía un «callizo de Cazcaburri»; la memoria de las personas que vivieron allí puede ayudarnos a comprender qué significaba realmente ese nombre para quienes utilizaban el lugar.
Hay además otro nombre de Estadilla que merece ser tenido en cuenta como comparación: Matacocho. Actualmente existe otro callizo conocido con este nombre, cuyo significado dentro del habla local se entiende como «mata perros». No sabemos si los dos nombres tienen un origen semejante, pero la existencia de nombres como Matacocho nos recuerda algo importante: los nombres populares de nuestras calles podían nacer de expresiones, apodos, actividades, personajes o circunstancias que hoy ya no comprendemos. No necesariamente tenían que proceder de un apellido o de una denominación administrativa.
Y aquí aparece otra cuestión que hace todavía más interesante el caso de Cazcaburré. El callizo se encuentra en una zona que la tradición local identifica con la antigua Judería de Estadilla. Esa circunstancia ha llevado a preguntarse si el nombre podría tener alguna relación con la población judía que habitó esta parte de la villa.
Por ahora no tenemos ninguna prueba documental que permita establecer esa relación. Tampoco hemos encontrado evidencia que permita afirmar que Cazcaburré tenga un origen hebreo, judío o vasco. Son posibilidades que pueden investigarse, pero no deben presentarse como explicación mientras no aparezca documentación lingüística o histórica que las respalde.
Lo que sí tenemos es un conjunto de pequeñas piezas que empiezan a encajar: un antiguo callizo, un nombre conservado en las actas municipales, una casa conocida como Casa Cazcaburre, un antiguo corral que todavía se conserva, la memoria de los burros que podían acceder por aquel estrecho paso y una palabra cuya última vocal quizá haya sido interpretada de manera diferente a lo largo del tiempo.
Quizá Cazcaburré tenga finalmente una explicación mucho más sencilla y cotidiana de lo que hoy podemos imaginar.
Pero todavía falta encontrar la pieza fundamental.
Quizá algún vecino recuerde cómo pronunciaban exactamente el nombre sus padres o sus abuelos. Quizá alguien conserve una escritura, un recibo, una fotografía o un documento en el que aparezca escrito Cazcaburre, Cazcaburré, Cazcaburri o alguna otra variante. Quizá alguien pueda explicar qué había antiguamente en aquel corral o qué uso tenía el callizo. Y quizá aparezca algún documento mucho más antiguo que nos permita retroceder más allá de las actas municipales de 1963.
Porque muchas veces la historia de una localidad no está únicamente en los grandes acontecimientos. También está escondida en el nombre de un pequeño callejón que todos han oído alguna vez pero cuyo significado nadie recuerda ya con seguridad.
Hoy el callizo sigue allí. Estrecho, empinado, con sus piedras, sus escalones, sus plantas y su sombra. Un pequeño rincón de Estadilla que quizá haya conservado durante siglos un nombre cuyo significado estamos empezando a recuperar.
¿Cuántos vecinos de Estadilla han pasado por Cazcaburré sin saber que aquel pequeño rincón tuvo una historia y un nombre propio?
Y quizá ahora, gracias a los recuerdos de quienes todavía lo vivieron, podamos empezar a descubrirla.
La relación entre el nombre Cazcaburré y la palabra burré no está demostrada. Se presenta en este artículo únicamente como una hipótesis de investigación, apoyada en las coincidencias lingüísticas y en la memoria oral recogida en Estadilla.
Fuentes y testimonios
— Archivo Municipal de Estadilla. Libro de Actas del Ayuntamiento de Estadilla, sesiones de 21 de febrero de 1963 y 15 de julio de 1963, donde aparece la denominación callizo de Cazcaburri en relación con las obras de alcantarillado.
— Testimonios orales del grupo de Historia de Estadilla, especialmente las aportaciones de Begoña Sarroca, Ignacio Cera, María Jesús Cera y Nunila, sobre la denominación tradicional de Cazcaburré, la memoria de las casas y el antiguo corral.
— Francisco Bruballa Angusto, Vocabulario del habla de La Puebla de Castro (Baja Ribagorza), Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2009, colección Cosas Nuestras, n.º 37. En esta obra aparece documentada la voz burré, con el significado de «asnillo, burro pequeño»
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