Cuando en Estadilla también se vendían cuevas

 

   


 
Las antiguas escrituras notariales suelen hablarnos de casas, viñas, campos o huertos. Sin embargo, de vez en cuando aparece algún documento capaz de sorprendernos. Eso ocurre con una escritura otorgada en
1780, que demuestra que en el término de Estadilla también podían venderse cuevas como parte de una explotación agrícola.

    Los protagonistas de esta historia fueron Miguel Espluga, labrador, y su esposa Rosa Gil, vecinos de la villa de Estadilla, quienes comparecieron ante notario en Barbastro para vender una heredad a los Reverendos Señores Superior y Sacerdotes de la Congregación de la Misión de San Vicente de Paúl.

    Lo más llamativo de la escritura es la descripción de la propiedad. El documento indica que estaba formada por una viña y un yermo, con comprensión de unas cuevas que había en ella, todo formando una única finca de unas veinte yubadas de tierra, situada en el término de Estadilla, en el monte de Arias y partida de la Cantera.

    Aquellas veinte yubadas correspondían a una antigua medida agraria muy utilizada en Aragón. Su nombre procedía de la yunta, es decir, el par de bueyes, mulas u otros animales uncidos con un yugo que se empleaban para trabajar el campo. Una yubada representaba, de forma aproximada, la superficie de tierra que una yunta podía labrar durante una jornada.

    La escritura también permite conocer algunos de los propietarios que lindaban con aquella finca. Entre ellos aparecen otras tierras pertenecientes a la propia Congregación de la Misión, la heredad de los herederos de Manuel Pallarés, un camino público, un campo de don Esteban Abad y un campo y viña de José Bardaxí Franca. Gracias a estos datos es posible reconstruir, poco a poco, el paisaje agrícola de la Estadilla de finales del siglo XVIII.

    El precio acordado por la venta fue de ciento doce libras jaquesas, cantidad que quedó reflejada en la escritura junto con las fórmulas jurídicas habituales de la época.

    Pero quizá lo más interesante del documento sea que las cuevas aparecen formando parte de la finca con la misma naturalidad que la viña o el terreno de cultivo. Esto demuestra que no eran un elemento aislado, sino un bien con valor propio dentro de la explotación agrícola. En una época en la que las cuevas podían servir como bodega, almacén, refugio o lugar para conservar alimentos y aperos, era lógico que quedaran incluidas en la compraventa y pasaran al nuevo propietario junto con el resto de la heredad.

    La escritura, sin embargo, deja abiertas algunas preguntas muy interesantes. ¿Podría una de esas cuevas ser la actual cueva de la Algareta? El documento no lo dice y, por tanto, no podemos afirmarlo. Es únicamente una posibilidad que habrá que confirmar con nuevas investigaciones.

    Pero la propia escritura plantea una incógnita todavía mayor. No habla de una cueva, sino de «unas cuevas», en plural. ¿Cuáles eran las demás? ¿Dónde se encontraban exactamente? ¿Se conservan todavía o el paso del tiempo las ha hecho desaparecer?

    Quizá algún documento todavía oculto en los archivos permita responder algún día a estas preguntas y descubrir una parte desconocida de la historia de las cuevas de Estadilla.

Fuentes

  • Escritura de compraventa otorgada en Barbastro en 1780. Protocolo notarial. FamilySearch. Barbastro (Huesca). 

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