EL FINAL DEL CASTILLO DE ESTADILLA
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Del antiguo castillo de Estadilla apenas han llegado hasta nosotros algunos restos, referencias documentales y noticias dispersas conservadas en archivos y crónicas históricas. Sin embargo, aquellas pocas referencias permiten reconstruir parte de la importancia que tuvo durante siglos esta fortificación situada sobre la villa y convertida en uno de los puntos defensivos más destacados de la Baronía de Castro.
Las noticias históricas sobre el castillo aparecen ya en el siglo XIII. En 1277 el rey Pedro III embargó el castillo de Estadilla a Pedro Martínez de Artasona, personaje relacionado con la compra de las salinas de Aragón. Décadas más tarde, en 1458, Juan II ordenó ocupar la fortaleza mientras duraban los enfrentamientos entre los Castro y los Larraz.
La documentación del siglo XVII todavía muestra un castillo activo y mantenido. En una carta de 1622 se menciona incluso la existencia de un albañil que trabajaba en el castillo cobrando ocho escudos diarios. Ese mismo año, la obra Historias eclesiásticas y seculares de Aragón describía Estadilla como una villa importante, cabeza de la Baronía de Castro, con más de treinta lugares bajo su jurisdicción y protegida por un “castillo eminente al lugar”, además de murallas y torres construidas en tiempos anteriores a la artillería.
La fortaleza volvió a cobrar protagonismo militar durante las guerras del siglo XVII. Hacia 1640 el mariscal francés La Mothe-Houdancourt llegó a apoderarse del castillo y de la villa de Estadilla, considerada entonces una posición defensiva de gran valor estratégico.
Pero el episodio definitivo para el castillo llegaría durante la Guerra de Sucesión Española. El 2 de junio de 1710 las tropas borbónicas del duque de Anjou, dirigidas por el teniente general Juan Antonio de Amezaga, consiguieron abrir una pequeña brecha en las murallas de Estadilla tras acercar la artillería a apenas catorce pasos de la defensa. Según las crónicas militares, la abertura sólo permitía avanzar a cuatro hombres de frente, pero finalmente el asalto consiguió hacer retroceder a las tropas partidarias del Archiduque, que se refugiaron precipitadamente en el castillo.
Los ataques continuaron hasta que el 4 de junio se produjo la rendición definitiva de la fortaleza, quedando prisioneros 340 soldados que formaban parte de la guarnición. Tras la toma, las tropas borbónicas dejaron en Estadilla una fuerza de unos 300 hombres.
Sin embargo, el momento más dramático todavía estaba por llegar. Apenas seis meses después, en enero de 1711, el militar e ingeniero Francisco Larrando de Mauleón, conocido como Mauleón, participó junto al Marqués de Valdecañas en la ocupación de Estadilla, Benabarre y Graus. Desde Estadilla escribió varias cartas dirigidas a Grimaldi en las que relataba con detalle la situación de la villa y del castillo.
En aquellas cartas explicaba cómo, tras reconocer personalmente los lugares adecuados para instalar la artillería, el Marqués de Valdecañas ordenó no sólo la toma del castillo, sino también su demolición completa junto con las murallas de la villa, “sin dejar piedra sobre piedra”. Mauleón señalaba además que los bienes del Palacio debían entregarse al administrador del Marqués de Aytona y que todo lo perteneciente al Rey sería enviado a Monzón.
Posteriormente, desde Benabarre, el propio Mauleón volvió a escribir describiendo la destrucción del castillo y asegurando que la demolición hasta los cimientos pudo realizarse en apenas diez días utilizando entre setenta y ochenta trabajadores y recurriendo, según sus propias palabras, a “ingeniosas industrias”, cuando normalmente habrían sido necesarios cientos de hombres más.
La historia del castillo de Estadilla terminó así de una manera muy distinta a la que muchas veces se imagina. La fortaleza no desapareció tras un gran asalto final ni fue abandonada lentamente por el paso del tiempo. El castillo fue entregado y posteriormente demolido de manera deliberada, probablemente con la intención de evitar nuevos enfrentamientos y proteger a la población de futuras represalias militares.
Hoy, aquellas referencias conservadas en documentos militares, crónicas y archivos históricos permiten recuperar parte de la memoria de una fortaleza que durante siglos dominó la villa de Estadilla y que acabó desapareciendo en uno de los momentos más convulsos de la historia de Aragón.
Fuentes
- La Revista Militar, tomo XII, año 1853.
- Hemeroteca PARES (Portal de Archivos Españoles).
- Historias eclesiásticas y seculares de Aragón (1622).
- Portal de Archivos Españoles - PARES
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