LA LLEGADA DE LA LUZ ELECTRICA A ESTADILLA
Pocas veces un pequeño pueblo podía presumir, a finales del siglo XIX, de vivir un acontecimiento que representara tan claramente la llegada del progreso. Pero eso ocurrió en Estadilla cuando, en abril de 1894, la luz eléctrica iluminó por primera vez sus calles y viviendas.
El siguiente texto corresponde a una carta publicada en El Diario de Huesca el día 18 de abril de 1894 y refleja perfectamente la emoción con la que fue recibida aquella mejora:
“Pocas ocasiones se presentan para narrar los acontecimientos de un pueblo rural, donde la vida se desliza monótona y aburrida por demás, y aun triste y sin expansión por el estado precario que atraviesa la agricultura; pero cuando se realizan hechos como el que tuvo lugar ayer en esta villa, bien merece la pena de estamparlos en letras de molde”.
La carta continuaba relatando la inauguración del nuevo alumbrado eléctrico público y particular, instalado por la acreditada fábrica electricista de D. Pablo Sánchez, vecino de Barbastro:
“Ayer, Sr. Director, se inauguró con brillantísimo resultado, el alumbrado eléctrico público y particular, que sirve á esta villa la acreditada fábrica electricista de D. Pablo Sánchez, vecino de Barbastro”.
La central eléctrica se encontraba a unos cinco kilómetros del casco urbano y dentro del propio término municipal de Estadilla. Era la misma instalación que suministraba energía a numerosos alumbrados particulares de la vecina ciudad del Vero.
Las lámparas instaladas eran de ocho y diez bujías, aunque el articulista destacaba que proporcionaban “una luz magnífica”. El precio también se detallaba con precisión:
“Las condiciones son como en Barbastro, á veinticinco céntimos de peseta mensualmente por bujía, dándose la luz de sol á sol”.
El propio cronista reconocía que, para una villa que apenas alcanzaba los cuatrocientos vecinos, aquello suponía un hecho extraordinario y posiblemente poco frecuente en España:
“Dada la relativa poca importancia de esta villa, que aún no llega á cuatrocientos vecinos, el hecho es extraordinario y del que quizás no haya ejemplo en España”.
A pesar de que las instalaciones particulares todavía eran escasas, el empresario Pablo Sánchez ofrecía gratuitamente el alumbrado público, compuesto por más de treinta focos. El vecindario le mostraba por ello un enorme agradecimiento, ya que la situación económica municipal no permitía afrontar semejante gasto.
El artículo también elogiaba el trabajo técnico realizado por D. Fermín Puyol y los operarios encargados del tendido eléctrico e instalaciones:
“Tanto el tendido de la línea como las instalaciones, están hechas con mucha perfección (...) y bien se comprobó en el resultado brillante de las pruebas”.
La carta no ocultaba tampoco las dificultades económicas que atravesaban los pueblos agrícolas de la época, aunque destacaba que los vecinos habían comprendido rápidamente las ventajas de la electricidad frente al aceite o el petróleo:
“La luz eléctrica dada en las condiciones dichas, además de sus muchas ventajas, es hasta más económica que el aceite o petróleo”.
Y añadía un detalle muy cotidiano que ayuda hoy a imaginar cómo cambió la vida de las casas de Estadilla:
“Con una luz de ocho bujías, pueden servirse durante toda la noche para el cuarto, cocina y cuadra, en fin, para toda una casa”.
El artículo terminaba felicitando tanto a los vecinos como a quienes habían hecho posible aquella mejora:
“La enhorabuena, pues, á este vecindario, y la más completa felicitación al Sr. Sánchez y á cuantos han contribuído á tal mejora”.
Seguramente, durante aquellas primeras noches iluminadas, Estadilla se convirtió en la envidia del Somontano… y quizá también de muchos lugares de España.
Fuentes
- El Diario de Huesca, 18 de abril de 1894.
- Hemeroteca histórica de la prensa española.

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