Vicente de Abad y Fortón: del Colegio de Jaca a las Filipinas, la historia de un hijo difícil de encauzar

 


    Vicente de Abad y Fortón: del Colegio de Jaca a las Filipinas, la historia de un hijo difícil de encauzar

    Hay historias que, cuando aparecen en un documento antiguo, parecen sacadas de una novela. Esta es una de ellas. A finales del siglo XVIII, don Dionisio de Abad y Lasierra, vecino de Estadilla y «Caballero Hijo Dalgo», hizo todo lo posible para buscar un futuro para su hijo Vicente de Abad y Fortón. Estudios, Marina, Ejército, comercio y, finalmente, Filipinas. Nada parecía ser suficiente para encauzar la vida del joven.

    Vicente era hijo de Dionisio y de su primera esposa, doña Francisca Fortón. Su padre quiso proporcionarle una buena educación y, cuando tenía solamente nueve años, lo llevó al Colegio de Jaca. Después pasó por los colegios de los Escolapios de Jaca y Barbastro, Peralta de la Sal, Lascuarre y San Juan de la Peña. Sin embargo, según recoge Ernesto Fernández-Xesta, Vicente no mostraba demasiado interés por los estudios y era más aficionado a las diversiones y las travesuras. Su padre tuvo entonces que buscar otro camino para él.

    Vicente decidió dedicarse a la carrera militar. Dionisio lo acompañó a Zaragoza, le proporcionó dinero y cartas de recomendación y consiguió que pudiera marchar a Cartagena. Allí ingresó como Guardiamarina y permaneció unos tres años, pero su comportamiento terminó provocando problemas y acabó abandonando la Marina. De regreso a Zaragoza quiso entrar en el Regimiento de Caballería de Calatrava como soldado distinguido. Su padre volvió a ayudarle, incluso con uniforme y dinero, pero tampoco consiguió progresar en aquella carrera. Finalmente abandonó el regimiento.

    La familia buscó entonces una nueva salida y Vicente fue enviado a Cádiz, a la Casa de Comercio de don Pedro Mercy, para que aprendiera el mundo de los negocios. Tampoco esta experiencia terminó bien. Fernández-Xesta recoge un episodio especialmente llamativo: la familia terminó sacándolo de Cádiz para evitar que llegara a casarse con una mujer a la que el propio autor identifica como prostituta. Después fue enviado a Arcos de la Frontera, donde quedó bajo el cuidado del Prior de los Padres Agustinos. Cuando la familia parecía haber agotado todas las posibilidades, recurrió a una solución mucho más lejana: solicitar al Rey que Vicente fuera enviado a Filipinas.

    La petición fue aceptada y Vicente acabó destinado en Manila como Soldado Distinguido del Regimiento Fijo de Manila. Pero tampoco allí desaparecieron los problemas. Las noticias y cartas que llegaron desde Filipinas volvieron a preocupar a su familia y, en 1794, la situación había llegado a un punto en el que su padre y sus tíos ya no estaban dispuestos a continuar respondiendo por él. Finalmente, el 3 de enero de 1795, en Estadilla, Dionisio de Abad y Lasierra otorgó una escritura en la que recordó todos los esfuerzos y gastos realizados por su hijo y decidió desheredarlo. En el documento llegó a ordenar que, a efectos sucesorios, Vicente fuese considerado «persona extraña de mi casa y familia».

    Y aquí es donde esta historia se vuelve todavía más interesante. Porque lo que conocemos no procede de una leyenda familiar, sino de documentos y de una investigación histórica. Ernesto Fernández-Xesta reconstruyó la trayectoria de Vicente a partir de documentación familiar, militar y notarial, y su historia aparece dentro de su monumental estudio sobre el linaje de los Abbad de Estadilla. Una historia que comenzó con un niño de nueve años enviado a estudiar a Jaca y que terminó llevándolo hasta Filipinas, después de pasar por colegios, barcos, regimientos, Cádiz y un convento. ¿Qué fue finalmente de Vicente de Abad y Fortón? Esa es precisamente una de las preguntas que nos invita a seguir leyendo el trabajo de Fernández-Xesta.

    Para seguir descubriendo esta historia: Ernesto Fernández-Xesta y Vázquez, El Infanzón aragonés: realidad, estructura y evolución. El linaje de los Abbad, de Estadilla (Huesca), Institución Fernando el Católico, 2014. 

El libro puede consultarse en la Biblioteca Municipal de Estadilla o en el siguiente enlace: 

Fuentes:AHPH, protocolo de Joaquín Espluga y López, 3 de enero de 1795, Villa de Estadilla. Consultado a través de FamilySearch, Barbastro. Protocolos notariales 1794-1796, imagen 141 de 279.

Ernesto Fernández-Xesta y Vázquez, El Infanzón aragonés..., pp. 340 y ss.



Comentarios

Entradas populares de este blog

EL ENTIERRO DE BERNABÉ ROMEO

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL QUE NOS ALEGRA LAS HISTORIAS

UN MUERTO EN PALOMERA