Joaquín Peyrón y Bardají y la quiebra del compañerismo farmacéutico en el Somontano (1870)
En el otoño de 1870, el nombre de Joaquín Peyrón y Bardají, farmacéutico recientemente establecido en la villa de Estadilla (Huesca), irrumpió con fuerza en las páginas de La Farmacia Española, convertido en símbolo de una de las tensiones más profundas que sacudían entonces a la profesión farmacéutica rural: la pugna entre la supervivencia económica individual y la moral colectiva del oficio.
La llegada a Estadilla y el estallido del conflicto
Estadilla era una población modesta, de unos 440 fuegos, que históricamente había sostenido una sola farmacia, y aun así con grandes dificultades. Sin embargo, en 1870 coexistían ya dos farmacéuticos, repartiendo entre ambos unas igualas —el sistema tradicional de contratación anual por vecino— que ascendían a unos 6.000 reales vellón. Este equilibrio precario se rompió cuando Peyrón, recién llegado, optó por una estrategia que sus colegas consideraron intolerable.
Según la denuncia publicada el 23 de septiembre de 1870, Peyrón mandó hacer pregones públicos anunciando que igualaría a los vecinos a un precio inferior al que cobraban los farmacéuticos ya establecidos. No se trataba de una rebaja puntual, sino de una campaña organizada que afectaba a varias localidades:
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En Estadilla, ofrecía igualas dos reales más baratas por vecino.
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En el anejo de Estada, la rebaja alcanzaba los cuatro reales por vecino.
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En Fonz, prometía igualar por dos reales menos que lo que pagaban los vecinos a Tomás Fontseré, farmacéutico que llevaba años atendiendo la localidad desde Azanuy.
Esta política de precios fue interpretada no como una legítima competencia, sino como un ataque frontal a la estabilidad económica de la profesión en la comarca.
La acusación de inmoralidad profesional
La reacción no se hizo esperar. En octubre del mismo año, Tomás Fontseré tomó la palabra en el mismo periódico para denunciar públicamente lo que consideraba una conducta indigna. Para él, Peyrón encarnaba uno de los males más graves que aquejaban a la clase farmacéutica:
“El farmacéutico que se introduce en un pueblo para hacer partido, rebajando las igualas que los vecinos pagan a otros, merece el desprecio y desdén de toda la clase.”
Fontseré no discutía solo una cuestión económica, sino un principio moral: la obligación de los farmacéuticos de presentar un frente unido frente a la tendencia de los pueblos a reducir las ya escasas retribuciones. En este marco, la actuación de Peyrón era vista como una traición colectiva.
Peyrón, el conflicto y las acusaciones cruzadas
Lejos de limitarse al terreno económico, la polémica degeneró rápidamente en un enfrentamiento personal. Peyrón respondió en el número 41 del periódico —texto que Fontseré califica de “jeremíaco”— acusando a su adversario de proteger intrusos, de carecer de formación suficiente y de falsear la realidad de los hechos en Fonz.
Fontseré rechazó tajantemente estas acusaciones, afirmando que Peyrón mentía deliberadamente y que su verdadero objetivo era otro: impedir que Fonz pudiera sostener una farmacia propia, atrayendo a los vecinos hacia su establecimiento de Estadilla mediante rebajas temporales. Según esta interpretación, Peyrón no buscaba tanto servir a la población como monopolizar el servicio farmacéutico comarcal, aprovechándose incluso de la avanzada edad de su colega.
Una figura controvertida en un sistema frágil
Aunque los textos conservados no permiten conocer el desenlace final del conflicto, la figura de Joaquín Peyrón queda claramente perfilada como un personaje polémico, asociado a prácticas que muchos contemporáneos consideraron corrosivas para la profesión. Su nombre quedó vinculado a una forma de ejercer la farmacia basada en la agresividad comercial, en contraste con el ideal decimonónico del farmacéutico como servidor público, moralmente intachable y solidario con sus colegas.
Este episodio revela, más allá del individuo, la fragilidad del sistema sanitario rural del siglo XIX, donde unas pocas rebajas podían arruinar a un profesional y dejar a un pueblo entero sin botica. En ese contexto, Joaquín Peyrón y Bardají pasó a representar, para muchos de sus contemporáneos, no solo a un rival incómodo, sino a un síntoma de la descomposición del compañerismo farmacéutico bajo la presión económica y social de su tiempo.
Epílogo: la posible continuidad de Joaquín Peyrón en Estadilla
Un último dato documental permite esbozar una hipótesis sugerente sobre el desenlace vital y profesional de Joaquín Peyrón y Bardají. En los censos electorales de Estadilla correspondientes a los años 1890-1894 figura inscrito un farmacéutico llamado Joaquín Peirón Bardají, de 47 años de edad, domiciliado en la calle Romeo nº 8. Aunque no puede afirmarse con certeza absoluta que se trate de la misma persona, la coincidencia del nombre completo, la profesión, la localidad y la cronología hacen altamente probable que estemos ante el mismo farmacéutico que protagonizó la agria polémica de 1870.
De ser así, todo indica que Peyrón no solo logró mantenerse en Estadilla, sino que consolidó su posición durante décadas, sobreviviendo a las denuncias morales y a la oposición de sus colegas. Este dato parece reforzar la impresión, ya perceptible en los textos contemporáneos, de que su estrategia —tan criticada por romper el compañerismo profesional— pudo resultar finalmente eficaz. En un sistema frágil, marcado por el caciquismo local, la debilidad institucional y la precariedad económica del farmacéutico rural, no siempre triunfaban quienes defendían la ética colectiva, sino quienes supieron adaptarse —o imponerse— a las reglas reales del poder y del mercado.
Nota sobre el lenguaje y las fuentes
Conviene advertir que el lenguaje empleado en este artículo, en particular las expresiones de mayor dureza moral o personal, no ha sido introducido por el autor, sino que procede literalmente o por paráfrasis fiel de las publicaciones profesionales de la época —La Farmacia Española y La Farmacia Moderna. El vocabulario, el tono y las fórmulas retóricas reflejan el uso habitual del siglo XIX y comienzos del XX, así como la intensidad con que entonces se dirimían los conflictos profesionales en la prensa especializada. Su conservación responde a un criterio estrictamente histórico y documental, no a una valoración personal ni a la adopción de categorías o juicios ajenos al contexto en que fueron formulados.
Investigación y documentación: Autor Pepe Baron Hidalgo
Redacción asistida e ilustración: ChatGPT (OpenAI)

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