sábado, 31 de enero de 2026

Manuel Ferrando y la defensa del viñedo en Estadilla

 

Manuel Ferrando 

y la defensa del viñedo en Estadilla


    A comienzos del siglo XX, la filoxera representó una de las mayores amenazas para la agricultura aragonesa y, en particular, para los municipios donde el viñedo constituía una base esencial de la economía local. En Estadilla, esta crisis encontró una respuesta temprana y comprometida en la figura de don Manuel Ferrando, agricultor y alcalde de la villa, cuya actuación revela un profundo conocimiento de la tierra y una clara preocupación por el futuro del cultivo de la vid.

    La implicación de Manuel Ferrando en los problemas vitícolas queda documentada ya en la primavera de 1902. El 6 de mayo de ese año, el Heraldo de Aragón recogía una consulta formulada por Ferrando desde Estadilla en el consultorio agrícola de Falez, Agelet y Compañía, en la que solicitaba asesoramiento técnico sobre la conveniencia de plantar vid americana o cepas híbridas para la reconstitución del viñedo tras la filoxera. El informe que recibió, firmado por Santiago Corella, analizaba con detalle la composición silíceo-calcárea de las tierras y exponía, con referencias a la experiencia francesa y catalana, las limitaciones del injerto sobre vid americana, sus elevados costes, la aparición de enfermedades criptogámicas y el progresivo agotamiento de las cepas. La respuesta, dirigida a una persona descrita como “discreta y culta”, muestra que Ferrando era considerado un interlocutor informado y respetado en los círculos técnicos agrarios.

    Pocos meses después, su papel fue aún más decisivo desde el ámbito institucional. El Diario de Huesca del 17 de octubre de 1902 informaba de que el alcalde de Estadilla, Manuel Ferrando, había remitido al Gobernador Civil de la provincia varias cepas sospechosas de estar afectadas por filoxera para su reconocimiento oficial por el Servicio Agronómico. A raíz de esta iniciativa, se ordenó una inspección técnica del término municipal, realizada por un ayudante del Ingeniero Agrónomo provincial. El resultado fue concluyente: todo el viñedo de Estadilla se hallaba afectado por la plaga, constatándose que llevaba ya dos o tres años causando graves estragos. La actuación de Ferrando permitió que la situación fuera conocida oficialmente por la autoridad provincial, paso imprescindible para que los viticultores pudieran aspirar a la declaración formal de filoxera y acometer la replantación de los viñedos con vides resistentes.

    La preocupación de Manuel Ferrando por la agricultura y la viticultura no se limitó a los años de la crisis inicial. En 1906, el Heraldo de Aragón volvía a mencionarlo con motivo de la inauguración de la escuela práctica de injertadores en la Granja agrícola. En la crónica publicada el 18 de abril, Ferrando aparece entre los propietarios y agricultores que asistieron a las sesiones prácticas, junto a viticultores de distintos puntos de la provincia, lo que confirma su interés continuado por la formación técnica y la aplicación de nuevos métodos para la reconstrucción del viñedo.



   El recorrido de estas noticias permite trazar el perfil de Manuel Ferrando como una figura clave en la historia agraria de Estadilla: un hombre profundamente vinculado a la tierra, atento a los avances científicos de su tiempo y consciente de la importancia de actuar tanto desde la responsabilidad pública como desde el compromiso personal con el campo. Su labor refleja una forma moderna y anticipada de afrontar las crisis agrícolas, basada en el conocimiento, la cooperación y la defensa del interés colectivo.






Fuentes: Heraldo de Aragón (6 de mayo de 1902 y 18 de abril de 1906), Diario de Huesca (17 de octubre de 1902).

Imagen: idea del autor, realizada con ChatGPT

miércoles, 28 de enero de 2026

LAS AGUEDAS Y EL CAMPANARIO

 Recuerdos del campanario

LAS AGUEDAS Y EL CAMPANARIO

    Hace muchos años, en aquel pueblo, existía una tradición muy especial por Santa Águeda. Las mujeres que iban a cobrar por las casas eran valientes: subían al campanario a tocar las campanas, mientras las niñas del colegio las miraban fascinadas desde abajo.

    Cuando las niñas salían de clase, corrían directas al campanario, porque sabían que allí estaban las mujeres tocando la campana de los mortijuelos. Esa campana, la más antigua y pesada, se hacía sonar tirando de una cuerda, y con paciencia, las mujeres dejaban que ellas también la tocaran. Era un honor, y al mismo tiempo, un pequeño desafío.

    

    Una niña de unos once o doce años recuerda la primera vez que subió al campanario con sus amigas. El corazón le latía con fuerza: el último tramo de escaleras era de madera y estaba muy deteriorado. Mirar hacia abajo suponía un verdadero reto, y el miedo se mezclaba con la emoción. Subía a veces con su tía, que era muy atrevida y la animaba a seguir, aunque las escaleras imponían respeto.

    Antes, las mujeres pasaban por las casas cobrando montadas en un burro adornado con cintas y campanillas. Muchos recuerdos se acumulan en aquel campanario: cada tabla de madera, cada campana, cada cuerda que las niñas tiraban con cuidado.

    La niña también subía gracias a la amistad con Ascensión, la hija del campanero. Había un tramo sin pasamanos, solo la pared a la que había que agarrarse. Mirar hacia abajo era un vértigo que hacía sentir pequeñas y valientes a la vez. Eran inconscientes, niñas con poca cabeza, pero llenas de aventuras y de risas.

    Hoy, aquel campanario ya no existe. Hay uno nuevo, más seguro, y las mujeres ya no suben a tocar las campanas. Sin embargo, aquellas niñas que subían al campanario son hoy mujeres que todavía conservan en la memoria el recuerdo de cuando sonaban las campanas y la emoción de aquel lugar.




Imagen: idea original del autor, ilustración desarrollada con ayuda de ChatGPT.


miércoles, 21 de enero de 2026

EL PASTOR DE ESTADILLA

 

    En lo alto del Alto Aragón, entre los valles de la Ribagorza Alta y las cumbres de Sobrarbe, la vida del pastor ha marcado generaciones. Allí, Antonio Amat Alós, de Estadilla, se convirtió en un ejemplo viviente de la trashumancia y el pastoralismo, oficios que su familia ha mantenido durante cuatro generaciones. En 1999, durante la III Jornada de Pastoralismo y Trashumancia en Barbastro, organizada con motivo del Salón de Ecología y Medio Ambiente (SENDA), Antonio recibió el “Cayado de Honor” como “Ganadero trashumante 1999” (Diario del AltoAragón, 9 de octubre de 1999). 

    El galardón reconocía no solo su trayectoria, sino también la continuidad de un oficio en regresión, lleno de historia y de esfuerzo.

        Durante más de veintitrés años, Antonio recorrió la montaña con sus rebaños de ovejas y cabras, viviendo meses enteros lejos de casa. Dormir al raso o en cabañas sin comodidades se convirtió en rutina. La dureza del clima, la soledad y las largas jornadas fortalecieron sus manos y su carácter. Sin embargo, su pasión y vocación nunca flaquearon: el pastoralismo era más que un trabajo, era una tradición familiar que él había abrazado desde la cuna (Diario del AltoAragón, 17 de octubre de 1999).



        A pesar de su entrega, la vida del pastor no ofrecía lujos. Los precios del mercado apenas cubrían los gastos, y mantener el ganado era costoso. Antonio se encargaba de todo: preparar la comida, curar las ovejas y recorrer los pastos con sus hijos siguiendo la tradición familiar. Para él, recibir el Cayado de Honor, tallado en madera de almez por el artesano Antonio Castillo en Moliniás, era un reconocimiento a toda una vida dedicada al oficio, más que un premio económico.

        Pero la montaña no perdona. Antonio vivió situaciones extremas que muestran la dureza de la trashumancia: un año, un rayo alcanzó a un compañero y lo mató, mientras trescientas ovejas bajo su cuidado murieron. A pesar de estas tragedias, su compromiso con la tradición nunca se quebró. Sabía que desde fuera, muchos turistas imaginaban la vida del pastor como idílica, sin comprender la realidad de piedras, niebla, frío y esfuerzo constante. Cada día quedaban menos pastores capaces de subir al puerto, y Antonio entendía que la supervivencia del oficio dependía del apoyo institucional y del interés por mantener viva esta herencia (Diario del AltoAragón, 17 de octubre de 1999).

        Antonio Amat encarnó la tradición, la resistencia y la pasión del pastoralismo aragonés. Su vida fue un testimonio de lo que significa dedicar años a un oficio que modela el paisaje, conserva la montaña y transmite cultura. Con el Cayado de Honor en la mano y un legado que permanece vivo en sus hijos, Antonio deja una historia de esfuerzo, vocación y amor por la montaña, recordando que sin reconocimiento y apoyo, estas páginas de la historia del Alto Aragón podrían cerrarse para siempre.

Título: El Pastor de Estadilla

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Verso 1:

Desde Estadilla salió con su rebaño al amanecer,
por valles y montañas, donde el viento suele morder.
Generaciones de pastores han seguido su andar,
tradición que se mantiene, difícil de quebrar.

Rayos y riadas, noches al raso sin temor,
ovejas y cabras, su vida y su labor.
Entre piedras y boira, la soledad es su amiga fiel,
pero el corazón del pastor late fuerte en la piel.

Estribillo:
El pastor de Estadilla, con el cayado en la mano,
honra la tradición que recorre el Pirineo temprano.
Aunque la vida sea dura y los tiempos cambien ya,
el pastoreo y la trashumancia siempre vivirán.

Verso 2:
Treinta y tres años de historia en el monte pasó,
con el rebaño a Góriz, donde el frío lo abrazó.
No hay riquezas que compren su fuerza y valor,
la montaña y los corderos son su único tesoro mayor.

El oficio se acaba, cada día queda menos,
los turistas miran y llaman “pinchos” a sus frenos.
Pero en cada jornada, entre el pasto y la cabaña,
resiste la tradición, que en su sangre se baña.

Estribillo:
El pastor de Estadilla, con el cayado en la mano,
honra la tradición que recorre el Pirineo temprano.
Aunque la vida sea dura y los tiempos cambien ya,
el pastoreo y la trashumancia siempre vivirán.

Puente:
Un rayo cayó y un compañero perdió,
trescientas ovejas y la pena que quedó.
Pero en la cumbre y el valle, la vida continúa,
cada paso del pastor, un canto que perdura.

Verso 3:
El “Cayado de Honor” lo distingue hoy,
un reconocimiento a un oficio que da lo mejor.
De su abuelo a sus hijos, la tradición seguirá,
porque la montaña y el rebaño nunca se olvidará.

Estribillo Final:
El pastor de Estadilla, con el cayado en la mano,
honra la tradición que recorre el Pirineo temprano.
Aunque la vida sea dura y los tiempos cambien ya,

el pastoreo y la trashumancia siempre vivirán.



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sábado, 17 de enero de 2026

HUERTA Y RIO CINCA FINALES SIGLO XIX

 

Estadilla a finales del siglo XIX: 

Huertas, río Cinca y vida rural

    Estada, 7 de mayo de 1897 – Las huertas de Estadilla, al igual que las de Estada, son reconocidas desde tiempo inmemorial por la exquisitez de sus frutas y verduras, que encuentran gran acogida en los mercados de Barbastro, Graus y Benabarre. La tierra, de excelente calidad, se cultiva con esmero, buscando un rendimiento que compense el trabajo y el arriendo, que en la época fluctúa entre siete y nueve duros por fanega. La propiedad de la tierra está poco dividida, mientras que los colonos son numerosos, reflejo de una comunidad agrícola activa y organizada.



    En la localidad también se producen aceite, vino y cereales, siendo la cosecha de aceite de importancia relativa en los años favorables. Sin embargo, la prosperidad de las huertas se ve amenazada por la fuerza del río Cinca, cuyas frecuentes avenidas han reducido a la mitad la extensión cultivable en los últimos treinta años. Los expertos locales advierten que, si no se construyen obras de defensa, la vida de los braceros (trabajadores manuales del campo) podría volverse insostenible, y la emigración se convertiría en un fenómeno inevitable, especialmente si los regadíos de pueblos vecinos empiezan a competir en la producción de hortalizas y verduras.

    No obstante, la vida en el campo también estaba marcada por riesgos y tragedias. Recientemente se confirmó la muerte por ahogamiento del joven Manuel Sin, cuyo cadáver fue arrastrado por la corriente hasta el molino harinero de Enate, recordando a la comunidad la fuerza implacable del río que ha moldeado tanto su economía como su vida cotidiana.

    En conjunto, Estadilla a finales del siglo XIX era un ejemplo de vida rural pujante y trabajadora, enfrentando los desafíos de la naturaleza y la economía, y mostrando la estrecha relación entre su huerta, el río Cinca y la supervivencia de su comunidad.


Fuente:
Fondevilla, V. (10 de mayo de 1897). Región aragonesa. En la zona del Canal. Diario de Avisos de Zaragoza. Recuperado de https://www.zaragoza.es/hemeroteca/prensa/HMZ_P0015/HMZ_P0015_1897-05-10/HMZ_P0015_1897-05-10.pdf

viernes, 16 de enero de 2026

REBAJAS E INFIDELIDAD FARMACEUTICA

 

Rebajas e infidelidad farmacéutica
Un conflicto profesional en Estadilla (1870)

Joaquín Peyrón y Bardají y la quiebra del compañerismo farmacéutico en el Somontano (1870)

    En el otoño de 1870, el nombre de Joaquín Peyrón y Bardají, farmacéutico recientemente establecido en la villa de Estadilla (Huesca), irrumpió con fuerza en las páginas de La Farmacia Española, convertido en símbolo de una de las tensiones más profundas que sacudían entonces a la profesión farmacéutica rural: la pugna entre la supervivencia económica individual y la moral colectiva del oficio.

La llegada a Estadilla y el estallido del conflicto

    Estadilla era una población modesta, de unos 440 fuegos, que históricamente había sostenido una sola farmacia, y aun así con grandes dificultades. Sin embargo, en 1870 coexistían ya dos farmacéuticos, repartiendo entre ambos unas igualas —el sistema tradicional de contratación anual por vecino— que ascendían a unos 6.000 reales vellón. Este equilibrio precario se rompió cuando Peyrón, recién llegado, optó por una estrategia que sus colegas consideraron intolerable.

    Según la denuncia publicada el 23 de septiembre de 1870, Peyrón mandó hacer pregones públicos anunciando que igualaría a los vecinos a un precio inferior al que cobraban los farmacéuticos ya establecidos. No se trataba de una rebaja puntual, sino de una campaña organizada que afectaba a varias localidades:

  • En Estadilla, ofrecía igualas dos reales más baratas por vecino.

  • En el anejo de Estada, la rebaja alcanzaba los cuatro reales por vecino.

  • En Fonz, prometía igualar por dos reales menos que lo que pagaban los vecinos a Tomás Fontseré, farmacéutico que llevaba años atendiendo la localidad desde Azanuy.

    Esta política de precios fue interpretada no como una legítima competencia, sino como un ataque frontal a la estabilidad económica de la profesión en la comarca.

La acusación de inmoralidad profesional

    La reacción no se hizo esperar. En octubre del mismo año, Tomás Fontseré tomó la palabra en el mismo periódico para denunciar públicamente lo que consideraba una conducta indigna. Para él, Peyrón encarnaba uno de los males más graves que aquejaban a la clase farmacéutica:

“El farmacéutico que se introduce en un pueblo para hacer partido, rebajando las igualas que los vecinos pagan a otros, merece el desprecio y desdén de toda la clase.”

    Fontseré no discutía solo una cuestión económica, sino un principio moral: la obligación de los farmacéuticos de presentar un frente unido frente a la tendencia de los pueblos a reducir las ya escasas retribuciones. En este marco, la actuación de Peyrón era vista como una traición colectiva.

Peyrón, el conflicto y las acusaciones cruzadas

    Lejos de limitarse al terreno económico, la polémica degeneró rápidamente en un enfrentamiento personal. Peyrón respondió en el número 41 del periódico —texto que Fontseré califica de “jeremíaco”— acusando a su adversario de proteger intrusos, de carecer de formación suficiente y de falsear la realidad de los hechos en Fonz.

    Fontseré rechazó tajantemente estas acusaciones, afirmando que Peyrón mentía deliberadamente y que su verdadero objetivo era otro: impedir que Fonz pudiera sostener una farmacia propia, atrayendo a los vecinos hacia su establecimiento de Estadilla mediante rebajas temporales. Según esta interpretación, Peyrón no buscaba tanto servir a la población como monopolizar el servicio farmacéutico comarcal, aprovechándose incluso de la avanzada edad de su colega.

Una figura controvertida en un sistema frágil

    Aunque los textos conservados no permiten conocer el desenlace final del conflicto, la figura de Joaquín Peyrón queda claramente perfilada como un personaje polémico, asociado a prácticas que muchos contemporáneos consideraron corrosivas para la profesión. Su nombre quedó vinculado a una forma de ejercer la farmacia basada en la agresividad comercial, en contraste con el ideal decimonónico del farmacéutico como servidor público, moralmente intachable y solidario con sus colegas.

    Este episodio revela, más allá del individuo, la fragilidad del sistema sanitario rural del siglo XIX, donde unas pocas rebajas podían arruinar a un profesional y dejar a un pueblo entero sin botica. En ese contexto, Joaquín Peyrón y Bardají pasó a representar, para muchos de sus contemporáneos, no solo a un rival incómodo, sino a un síntoma de la descomposición del compañerismo farmacéutico bajo la presión económica y social de su tiempo.



Epílogo: la posible continuidad de Joaquín Peyrón en Estadilla

    Un último dato documental permite esbozar una hipótesis sugerente sobre el desenlace vital y profesional de Joaquín Peyrón y Bardají. En los censos electorales de Estadilla correspondientes a los años 1890-1894 figura inscrito un farmacéutico llamado Joaquín Peirón Bardají, de 47 años de edad, domiciliado en la calle Romeo nº 8. Aunque no puede afirmarse con certeza absoluta que se trate de la misma persona, la coincidencia del nombre completo, la profesión, la localidad y la cronología hacen altamente probable que estemos ante el mismo farmacéutico que protagonizó la agria polémica de 1870.

    De ser así, todo indica que Peyrón no solo logró mantenerse en Estadilla, sino que consolidó su posición durante décadas, sobreviviendo a las denuncias morales y a la oposición de sus colegas. Este dato parece reforzar la impresión, ya perceptible en los textos contemporáneos, de que su estrategia —tan criticada por romper el compañerismo profesional— pudo resultar finalmente eficaz. En un sistema frágil, marcado por el caciquismo local, la debilidad institucional y la precariedad económica del farmacéutico rural, no siempre triunfaban quienes defendían la ética colectiva, sino quienes supieron adaptarse —o imponerse— a las reglas reales del poder y del mercado.


Nota sobre el lenguaje y las fuentes

    Conviene advertir que el lenguaje empleado en este artículo, en particular las expresiones de mayor dureza moral o personal, no ha sido introducido por el autor, sino que procede literalmente o por paráfrasis fiel de las publicaciones profesionales de la época —La Farmacia Española y La Farmacia Moderna. El vocabulario, el tono y las fórmulas retóricas reflejan el uso habitual del siglo XIX y comienzos del XX, así como la intensidad con que entonces se dirimían los conflictos profesionales en la prensa especializada. Su conservación responde a un criterio estrictamente histórico y documental, no a una valoración personal ni a la adopción de categorías o juicios ajenos al contexto en que fueron formulados.


Investigación y documentación: Autor Pepe Baron Hidalgo

Redacción asistida e ilustración: ChatGPT (OpenAI)

jueves, 15 de enero de 2026

EL SACERDOTE ASESINADO

 

El suceso de Estadilla: un asesinato que conmocionó a la región


    A principios del XX, según las crónicas de la época, la localidad de Estadilla, en la provincia de Huesca, fue escenario de un hecho trágico que conmocionó a sus habitantes y a las poblaciones vecinas. La víctima fue un sacerdote anciano, conocido como don Antonio Fraga —aunque en algunos reportes aparecía como Antonio Prado, lo que refleja la frecuencia de variaciones en los nombres de las noticias de la época—, cuyo asesinato generó alarma social y temor ante posibles nuevos ataques.

    Según las crónicas enviadas desde Barbastro, el agresor, vecino del propio pueblo de Estadilla, se presentó en la casa rectoral con el pretexto de entregar o solicitar un documento. Una vez dentro, y sin mediar palabra, atacó al sacerdote con una aguja alpargatera, infligiéndole varios pinchazos (cinco, según algunas versiones) que resultaron mortales de manera inmediata.

    Al percatarse del ataque, algunos vecinos acudieron en auxilio del párroco, pero también fueron brutalmente agredidos por el atacante. Tras el crimen, el agresor logró huir del lugar, provocando una alarma inmediata en la población y generando preocupación por la seguridad de los sacerdotes y la comunidad local.

    El atacante fue finalmente detenido fuera de Estadilla, en la ciudad de Teruel. Durante su arresto, confesó que su intención no se limitaba al asesinato del sacerdote de Estadilla, sino que planeaba continuar con otros ataques contra miembros del clero. Estas declaraciones aumentaron el temor en la región y pusieron de relieve la gravedad del suceso y la necesidad de reforzar la seguridad en las localidades rurales.

    El crimen de don Antonio Fraga no solo tuvo un impacto inmediato en la comunidad de Estadilla, sino que también se convirtió en un ejemplo de la inseguridad que podían vivir incluso los pueblos pequeños y aparentemente tranquilos. La violencia dirigida contra los sacerdotes, en un contexto social donde la Iglesia tenía un papel central en la vida comunitaria, generó alarma y discusión sobre la protección de figuras religiosas y sobre la vigilancia policial en zonas rurales.

    Además, las variaciones en la noticia, como el cambio del nombre del sacerdote en diferentes crónicas, reflejan las limitaciones y la imprecisión de la comunicación informativa de la época, así como la rapidez con que los rumores podían difundirse.



    El asesinato de don Antonio Fraga en Estadilla fue un hecho trágico que dejó una marca profunda en la memoria de la comunidad. Más allá de la brutalidad del ataque, el caso evidencia la vulnerabilidad de ciertos sectores sociales y la importancia de la precisión en la comunicación de sucesos graves. Hoy, la historia de este crimen sirve como recordatorio de la violencia que incluso los pueblos pequeños pueden experimentar y de la necesidad de registrar los hechos con rigor histórico.

sábado, 10 de enero de 2026

EL GENERAL CINCA

 EL GENERAL CINCA

El texto destaca la importancia del río Cinca en la historia militar de Ribagorza y explica que debido a que durante siglos condicionó el paso la concentración y el repliegue de los ejércitos en el Bajo Ribagorza se le llamó simbólicamente el General Cinca al considerarlo como un auténtico jefe militar que decidía batallas avances y derrotas según permitiera o cerrara el paso a las tropas siendo un elemento clave en los conflictos y un símbolo de desgracia en tiempos de guerra y de riqueza en tiempos de paz la información se ha obtenido del libro Historia de Rivagorza desde su origen hasta nuestros días de Joaquín Manuel de Moner y Siscar y el texto dice así:

 

        En 1710 entraron los franceses en Rivagorza. Después de haber tomado por asalto a Estadilla el antiguo tercio ausiliar de Flaundes núm. 4, hoy regimiento de Jaen, entraron en nuestro país combatido por las tropas del archiduque. Pasaron más adelante, y al disputarse el paso del Cinca las tropas filipinas y las del archiduque, libraron una acción en que estubo el regimiento de caballería del Infante creado en 1642. Hábianse derribado los puentes rivagorzanos que existian sobre dicho rio, y esta ruptura causó la subida de las tropas a Rivagorza, a donde se replegaban entonces ordinariamente, de suerte que el Cinca, prestando paso cuando hubo puentes o barcas, y cerrándolo cuando no lo ha habido, ha localizado casi siempre la guerra en Ri
vagorza, siendo aun para ella este rio un símbolo de sus infortunios, como lo es en tiempo de paz de su riqueza. Seria curioso el estudio histórico que se hiciese de este rio y de otros rios célebres, porque de él resultarian muchos datos y apreciaciones importantisimas. Por esto en el país bajo rivagorzano solemos llamar al Cinca «el general Cinca,» porque por el se dieron batallas, se aglomeraron, replegaron y se estendieron las tropas en todos los siglos; por él tuvieron lugar encuentros, luchas, combates, victorias y derrotas en los siglos todos. Por esto no en vano lleva su nombre de ceñidor, porque ciñe soldados, tropas y ejércitos.

Imágenes del libro “Así fuimos así vivimos “ de Mariano Badia Buil



jueves, 8 de enero de 2026

NAVIDADES DE 1940

 

El presente texto, publicado en El Noticiario el 29 de diciembre de 1940, constituye un valioso testimonio de la vida social, religiosa y cultural de la localidad durante las celebraciones navideñas de aquel año. A través de su crónica, se pone de manifiesto el papel central de la Acción Católica y de sus distintas secciones juveniles en la organización de actos litúrgicos y festivos, así como la activa participación de las autoridades, el clero y el vecindario. El relato refleja no solo la devoción religiosa propia de la época, sino también el esfuerzo colectivo, el espíritu comunitario y la importancia concedida a las manifestaciones culturales y educativas como medio de cohesión social


El noticiario, 29 de diciembre de 1940

La Acción Católica. —Con la mayor alegría se han celebrado estas fiestas de Navidad. Como de costumbre se celebró la misa de medianoche, a la que asistieron las autoridades y el pueblo en masa, al final de la misma en el templo parroquial se expuso al público el Belén, que fue la admiración de cuantos le vieron, gracias al esfuerzo realizado por la tesorera de A. C, y los donativos de personas de la misma que contribuyeron para la adquisición de las figuritas y demás gastos.



J. A. C.. con su aspirantado, obsequio a las autoridades con una función de teatro, en la que se representaron las obritas "Estrellita de Oro y "Nacimiento del Niño Dios" , de tos Padres Salesianos, actuando en la primera con verdadera maestría en categoría de maestría en categoría de protagonista, el joven presidente de A.C. Daniel Loriente, y los demás papeles  secundarios, con el mismo acierto, los niños Manuel Obis , Gerardo de Antonio y Víctor Leyda, y en la segunda actuación los ya mencionados y Francisco Fraco, Antonio Salinas, Miguel Berdié, Oscar Navas, Giberto Badia, Jose María Palacin, Joaquin de Antonio, Santos Belloc y los hermanos Manuel y Mariano Herrando, dirigidos por su propio consiliario reverendo don Miguel Urrea, que gracia a su admirable organización merecieron todos muchos aplausos y gran aprobación del publico . al final de este acto las niñas Rosita Santiago declamó el verso “Al niño de mi vida”; Josefina Bech, el verso “Aragon”, por C. Fontaura, y la niña de seis años Aurorita Doy el verso “¡Yo no quiero crecer! Siendo muy aplaudidas.

Terminada la fusión. todos los actores fueron obsequiados con dulces por el señor de la villa.

https://www.zaragoza.es/hemeroteca/prensa/HMZ_P0016/HMZ_P0016_1940-12-29/HMZ_P0016_1940-12-29.pdf

LAS CAMPANAS DE LA IGLESIA

 

Las campanas del templo constituyen un patrimonio sonoro, histórico y cultural de gran relevancia, reflejando la evolución de la fundición, la iconografía religiosa y las tradiciones locales a lo largo de los siglos. Cada una de ellas representa un ejemplo de la maestría de reconocidos fundidores, así como del cuidado que se ha tenido en la conservación y en las intervenciones técnicas que permiten su funcionalidad y valor histórico.

El conjunto documentado incluye cuatro campanas de distintas épocas y características:

  1. Nuestra Señora de la Piedad (1964, Salvador Manclús), con decoración y yugo de hierro antiguo, que conserva la tradición de los toques manuales y los valores sonoros del templo.
  2. Campana refundida en 1972 de 76 cm y 254 kg (Salvador Manclús), que conserva las inscripciones y elementos iconográficos originales, vinculando la historia del instrumento con su refundición moderna.
  3. Lorenza Ntra. Sra. de la Carrodilla (1889, Buenaventura Pallés i Armengol), campana de gran tamaño y riqueza decorativa, con asas antropomorfas y ornamentación de guirnaldas, ángeles y motivos vegetales, cuyo valor patrimonial exige su inclusión en el Inventario General de Bienes Muebles.
  4. Campana original de 1793 refundida en 1972 (262 kg, Salvador Manclús), que conserva la inscripción original junto con la fecha de refundición, reflejando la continuidad histórica de la instalación campanera.

Todas las campanas han sido documentadas y valoradas cuidadosamente por especialistas, destacando la necesidad de reconstruir o restaurar sus instalaciones para recuperar plenamente sus valores sonoros, culturales y tradicionales, y garantizar la preservación de los toques manuales que forman parte de la identidad del templo.

Este registro tiene como objetivo preservar la memoria histórica y técnica de cada campana, facilitando futuras intervenciones, la educación patrimonial y la difusión de su relevancia dentro del contexto cultural de la comunidad.

En la pagina oficial de los campaneros de la Catedral de Valencia hemos podido encontrar la siguiente información sobre las campanas de Estadilla: https://campaners.com/

 

Ntra. Sra. de la Piedad

La campana Nuestra Señora de la Piedad, situada en la sala de campanas, fue fundida por Salvador Manclús en el año 1964 y constituye un instrumento de significativo interés patrimonial. Sus dimensiones incluyen un diámetro de 55 centímetros, una altura del bronce de 42 centímetros y un borde de 6 centímetros, alcanzando un peso aproximado de 96 kilos.


En el tercio, la campana presenta una ornamentación sencilla formada primero por tres cordones y después por dos cordones.

En el medio, a las 00, aparece una cruz; a las 03, una imagen de la Virgen del Pilar; y a las 06 se encuentra la inscripción: “NTRA SRA DE LA PIEDAD / EN RECUERDO DEL NUEVO / TEMPLO Y CAMPANARIO / DE ESTADILLA AÑO 1.964”.

A las 09 se ubica la marca de fábrica del fundidor, que reza: “FUNDICION / DE / SALVADOR MANCLUS / C. INDUSTRIA, 27 / VALENCIA”.

En el medio pie, la campana está decorada con tres cordones y un cordón adicional, completando así la disposición clásica del bronce. Conserva un yugo de hierro Manclús antiguo, característico de las instalaciones de la fundición durante la segunda mitad del siglo XX.


Respecto a su valoración, se considera una campana interesante, cuya refundición solo estaría justificada en caso de rotura y previa documentación detallada, dada su relevancia histórica y técnica. La instalación actual, que fue modificada en algún momento, requiere ser reconstruida para recuperar plenamente tanto los valores sonoros y culturales del instrumento como los toques tradicionales, permitiendo de nuevo los toques manuales.

La documentación de esta campana fue elaborada por Joan Alepuz Chelet en el marco del XXVIII Concurso de Investigación “López Novoa” del Centro de Estudios del Somontano de Barbastro, con fecha 15 de marzo de 2017. El propio autor fue también editor de la ficha, cuya última actualización se realizó el 22 de noviembre de 2022.



 Santos Bárbara y José (2)

 La campana, situada en la sala de campanas, fue fundida por Salvador Manclús en el año 1972 y constituye un instrumento de notable interés patrimonial. Presenta un diámetro de 76 centímetros, una altura de bronce de 65 centímetros y un borde de 9 centímetros, alcanzando un peso aproximado de 254 kilos.


En el tercio muestra una disposición clásica compuesta por tres cordones, seguidos por la inscripción “SANCTA BARBARA” situada a las 06, y rematada por dos cordones adicionales.

El medio reúne una iconografía y textos de especial relevancia histórica. A las 00 se ubica un crucifijo, mientras que a las 03 aparece la marca de fábrica del taller de Manclús, con el texto: “FUNDICION / DE / SALVADOR MANCLUS / C. INDUSTRIA, 27 / VALENCIA”.

A las 06 figura la inscripción: “SANIOSE ORATE PRONOBIS / AÑO 1.793 / REFUNDIDA AÑO 1.972”, que recuerda que la campana original databa de 1793 y fue refundida en 1972. A las 09 se encuentra la imagen de la Virgen del Pilar.


El medio pie presenta tres cordones y un cordón adicional que completan la ornamentación del bronce. La campana conserva un yugo de hierro Manclús antiguo, característico de la fundición y habitual en las instalaciones de su época.

En cuanto a su valoración, se considera una campana interesante, permitiéndose su refundición únicamente en caso de rotura y tras una adecuada documentación. La instalación actual, sustituida en algún momento, requiere ser reconstruida para recuperar los valores sonoros y culturales del instrumento, favorecer los toques tradicionales y posibilitar nuevamente los toques manuales.


La documentación de la campana fue realizada por Joan Alepuz Chelet, en el marco del XXVIII Concurso de Investigación “López Novoa” del Centro de Estudios del Somontano de Barbastro, con fecha 15 de marzo de 2018. La ficha fue editada por el mismo autor y actualizada el 23 de noviembre de 2022.


Lorenza Ntra. Sra. de la Carrodilla (3)

 La campana Lorenza Ntra. Sra. de la Carrodilla, ubicada en la sala de campanas, fue fundida por Buenaventura Pallés i Armengol en 1889. Es una pieza de gran tamaño y valor histórico, con un diámetro de 112 centímetros, una altura del bronce de 77 centímetros, un borde de 10 centímetros y un peso aproximado de 813 kilos. Presenta asas decoradas con motivos antropomorfos, que resaltan su carácter artístico y funcional.


En el tercio, la campana muestra tres cordones, seguidos de la inscripción a las 09:
“+ LORENZA NTRA. SRA. DE LA CARRO DILLA”, acompañada de un cordón y una guirnalda con colgaduras, motivos vegetales y ángeles, que aportan un detalle ornamental destacado.

En el medio, a las 00 se encuentra la marca de fábrica: “FCA DE BUENAVENTURA PALLES Y ARMENGOL / BARCELONA / 1889”, y a las 06, una representación de una custodia acompañada de ángeles orantes, mostrando la riqueza iconográfica de la pieza.

El medio pie está decorado con tres cordones, mientras que en el pie aparece un cordón adicional. La campana conserva un yugo de hierro Manclús antiguo, típico de las instalaciones históricas de la zona.


En cuanto a su valoración, se indica que debe iniciarse el expediente para su inclusión en el Inventario General de Bienes Muebles. En caso de rotura, únicamente se permite soldarla, y, si se reemplaza, la campana nueva puede ser de distinta afinación.

La instalación actual ha sido modificada y requiere ser reconstruida para recuperar plenamente los valores sonoros y culturales, restablecer los toques tradicionales y permitir nuevamente los toques manuales.


La documentación de esta campana fue elaborada por Joan Alepuz Chelet, en el marco del XXVIII Concurso de Investigación “López Novoa” del Centro de Estudios del Somontano de Barbastro, con fecha 15 de marzo de 2018. La ficha fue editada por el mismo autor y actualizada el 23 de noviembre de 2022


Sancta Barbara et Sancte Ioseph (refundida)

La campana, con un diámetro de 77 centímetros y un peso de 262 kilos, fue fundida originalmente en 1793 y posteriormente refundida en 1972 por Salvador Manclús, según la ficha técnica del propio taller. Durante la refundición se conservó la inscripción original, incorporando además la fecha de refundición, que reza: “SANCTA BARBARA SAN IOSE ORATE PRO NOBIS AÑO I793”.

Esta pieza refleja la tradición histórica de las campanas del lugar, combinando la antigüedad de la fundición original con las características técnicas de la refundición del siglo XX. Su peso de 262 kilos la sitúa como una campana de tamaño medio, de gran relevancia para los toques tradicionales y el patrimonio sonoro de la instalación.

La documentación de esta campana fue elaborada por Francesc Llop i Bayo, quien también actuó como editor de la ficha, la cual fue actualizada el 15 de septiembre de 2024.

Informacion y fotografias : https://campaners.com/



lunes, 5 de enero de 2026

COMIC PEDRO MASCARO

 



    SI QUIERES CONOCER LA HISTORIA COMPLETA LA PUEDES LEER EN ESTE BLOGS O SIMPLEMENTE PULSANDO LOS ENLACES SIGUIENTES. 
    SON DOS ARTICULOS DISTINTOS UNO ESCRITO POR PEPE BARON HIDALGO Y EL OTRO POR ERNESTO FERNANDEZ-XESTA Y VAZQUEZ






COMIC LOS SOCIOS DE LA AURORA

 



Nuestra amiga Maria Jesus Cera nos contaba lo siguiente:

Se multaba por muchas cosas, incluso en años más recientes.

Por ejemplo, por no llevar corbata y americana para el baile, aunque fuera la fiesta de San Lorenzo, ¡con el calor que hacía!

También se multaba por no enseñar la entrada si el socio que estaba en la puerta la pedía.
“¡Que la tengo en casa!”

—Pues ve a buscarla, porque no vas a entrar a la pista de baile.

Y tenían que ir a por la entrada.

Yo he presenciado estas situaciones a finales de los años 70 y 80.

Son cosas curiosas, pero que realmente han existido en los estatutos de la Sociedad La Aurora.

Había muchas más normas, y todos las cumplían, porque o lo hacían o no entraban al baile.

Son hechos curiosos, pero totalmente reales


Imagenes realizadas con el texto de Pepe Baron y la Inteligencia artificial del ChatGPT