LAS “CORONETAS” DE LA CARRODILLA
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LAS PIEDRAS PROTECTORAS DE ESTADILLA
Durante generaciones, muchas familias de Estadilla conservaron en sus casas unas pequeñas piedras conocidas popularmente como “coronetas de la Virgen”. Algunas apenas tenían el tamaño de una nuez y otras eran algo mayores, pero todas compartían la misma creencia: proteger a quien las llevaba consigo.
La maravillosa web Piedras Sagradas – Sacra Saxa recoge una interesante publicación sobre estas curiosas piedras relacionadas con la Virgen de la Carrodilla y las antiguas creencias populares de nuestra zona.
Según explica el artículo, hasta hace apenas cuarenta o cincuenta años no era raro que muchas personas llevaran consigo pequeñas “coronetas chicotetas” como amuletos protectores. Eran fáciles de transportar y solían guardarse en bolsillos, alforjas, morrales, bolsas escapulario o pequeños zurrones.
Quienes más las utilizaban eran las personas que pasaban largas jornadas al aire libre: labradores, pastores, segadores, leñadores, carboneros, arrieros o almadieros. Hombres acostumbrados a trabajar lejos de casa y enfrentarse diariamente a caminos peligrosos, tormentas, accidentes, animales salvajes o incluso salteadores.
En aquellos tiempos, cuando la medicina estaba lejos, los caminos eran inseguros y las noches en el monte podían resultar aterradoras, estas pequeñas piedras representaban algo más que una simple superstición. Para muchos suponían protección, compañía y esperanza.
La publicación explica también que hasta hace unos veinte o treinta años todavía podían verse ancianos que seguían llevando encima aquellas pequeñas coronetas que habían conservado desde su juventud.
Curiosamente, en los pueblos cercanos a la Carrodilla existía incluso una especie de broma popular sobre los habitantes de Estadilla. Se decía, medio en serio y medio en tono burlón, que todas las familias estadillanas guardaban al menos una “coroneta de la Virgen” en casa, y que algunas incluso atesoraban varias de ellas.
Pero lo cierto es que esta costumbre no era exclusiva de Estadilla. La tradición estaba extendida por numerosos pueblos de los alrededores del santuario de la Carrodilla, donde se confiaba en la capacidad protectora y casi milagrosa de estas piedras frente a los peligros cotidianos de la vida rural.
Muchas de aquellas “coronetas” llegaron incluso a utilizarse como pavimento en algunos rincones próximos al santuario, formando parte del atrio y de las zonas de acceso.
Con el paso del tiempo, la llegada de la electricidad, la mejora de la medicina, la escolarización y los nuevos modos de vida hicieron que muchas de estas creencias populares fueran desapareciendo poco a poco. Sin embargo, aquellas pequeñas piedras siguen formando parte de la memoria colectiva de nuestra tierra.
Porque más allá de la superstición, las coronetas hablan de una época en la que la fe, el miedo y la necesidad de sentirse protegido acompañaban cada jornada de trabajo en el campo y en la montaña.
Hoy quizá ya no se lleven en los bolsillos ni en los morrales, pero las “coronetas” de la Carrodilla continúan siendo una de las tradiciones más curiosas y desconocidas relacionadas con Estadilla y su entorno.
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